Es divertido seguir escribiendo sobre los discos de los que celebramos una década. Es un ejercicio que es, a partes iguales, un viaje a momentos importantes de mi vida, un trabajo de refrescar la memoria y recordarle a la gente que algo pasó en este pueblo en algún momento, y, más importante, un rescate de todas esas cosas perdidas por no tener un aparato cultural (y un público) acorde a las buenas canciones que sonaban en nuestras tarimas. 

Es cierto que viramos hacia la inmediatez, y es cierto que ese es un statement bastante boomer, pero a lo que voy es que serviría de mucho si tuviéramos más espacios donde hablásemos de los discos que hicieron un impacto en nosotros, que aseguro que no son pocos (ni los discos ni los impactados), como una forma de mantener vivo un legado. 

Nostalgia aparte, 2012 fue un año especial para la escena musical. Fue el penúltimo antes del último gran estallido del rock veneco (2013), y también un año en el que muchas ciudades de Venezuela pudieron disfrutar de tarimas y locales repletos de personas. Muy buenos discos, la descarga gratuita como santo y seña, la ebullición de los portales especializados en el movimiento del nuevo rock venezolano, y giras interminables, que es adonde nos lleva esta historia del día de hoy.

Corría el año 2010, y Tomates Fritos estrenaba su maravilloso Hombre Bala, un disco sentido, con un estupendo sonido nacido de una dieta de rocanrol de la vieja escuela, algo de folk, y mucho rock argentino a la hora de componer melodías. Ese disco, y el cálido recibimiento que tuvo en el público, llevó a la banda portocruzana a recorrer el país de este a oeste y luego al este de nuevo por varios meses, llegando al 2012 y a la gira promocional de su cuarto disco, Hotel Miramar, con los músculos aún cansados de las carreteras y hoteles que tuvieron a bien darles un espacio. 

Precisamente de ahí pudiéramos tener una forma de entender el disco y concepto del álbum: Básicamente, varias ciudades de Venezuela tienen un hotel llamado Miramar, así como cada habitación de un hotel es capaz de albergar a una persona diferente de la misma que cada canción de un disco puede ser sobre una persona o sobre un sentimiento diferente. 

Con un elegante azul pálido, y un diseño que evoca las distintas partes de un antiguo hotel en el Estado Anzoátegui, donde creció la banda, Hotel Miramar se presenta como un álbum dispuesto a recibirte en cada canción, en especial si tu corazón está en horas bajas. Y una década después, todavía hay cosas para decir al respecto, pues no solo la universalidad del corazón roto sigue intacta, sino por la importancia que tuvo para el momento en el que salió y para decirnos que Tomates Fritos podía visitar nuevos confines musicales sin fracasar en el intento. 10 años después, entendemos que Hotel Miramar terminó siendo una bisagra entre el sonido clásico de Tomates Fritos con los nuevos horizontes musicales que quisieron explorar. Eso sí: Un álbum de tradición que pocas bandas pueden aspirar a hacer, pues existe una cohesión y una identidad bien marcada que permite entender exactamente qué hacía la banda y hacia dónde se estaba dirigiendo, sin perder ni una pizca de autenticidad o de calidad en sus composiciones.

El código del desamor

Tomates Fritos, al ser una banda de himnos, se debe comenzar a evaluar desde las letras. Hotel Miramar es un despliegue de letras en las que Boston Rex escribe sobre el desamor con una pluma taciturna y azul, que teme a decir la verdad para no ahondar más en el sufrimiento hasta que sencillamente ya no puede más y lo deja salir todo. La tristeza y resignación supuran de muchas de las canciones de Hotel Miramar

Si hubiera que resumir en una sola línea todo el sentimiento que evoca escuchar a estas canciones, sería un extracto del tema Diez mil más, track 12, en el que Boston Rex se autoconfiesa: “He sido fiel a las causas perdidas”.

Partiendo de allí, encontramos una retahíla de canciones que le cantan a un amor no correspondido, doloroso y aparentemente unilateral, y aquí Boston confiesa sus frustraciones y desilusiones desde la humildad de quien se supo perdedor desde el primer momento. Se siente como un álbum escrito para esas relaciones donde ya no hay más nada que hacer, y el amor sin tracción se vuelve insuficiente para mantenerla viva. En dos platos, una causa perdida. 

Sin perder su voz, la banda comenzó a incluir nuevas formas de hacer llegar ese mensaje y plasmar el sentimiento de sus canciones. En entrevistas, comentaron que la forma que entendieron para irse hacia nuevos sonidos pasó por una búsqueda exhaustiva de sintetizadores. Dieron con un Yamaha DX7 con algunos defectos que le compraron a un chamo por cinco mil bolívares (realmente no sacaré la cuenta de cuánto era para el momento.

También un Roland Juno y un Moog se escuchan en estas canciones, y sirvieron para convertir a Boston Rex no solo en un friki aún más grande de los instrumentos musicales, sino también fue el momento de partida para llegar a comprar otros sintetizadores (junto con la obsesión por The War On Drugs y Ben Folds) que incluyó conversaciones con Fernando Valladares, dando forma a lo que luego se convertiría en su disco homónimo de 2016. 


Con esta nueva adición al set up de la banda, Tomates se permitió adentrarse a sonoridades más electrónicas, coqueteando con la síntesis de sonido sin perder esa intención rocanrolera y desfachatada que los llevó al éxito de Hombre Bala.

Canserbero y Arctic Monkeys 

Justamente de esa experimentación, surgió el primer sencillo del álbum, titulado Tripolar. Una canción también en clave triste en la que le cantan a una persona a la que les cuesta entender sus acciones y contradicciones,

El tema, según recuerdo, fue recibido muy tibiamente por el público, pues representaba una vuelta de tuercas a lo que había estado viniendo haciendo la banda, pero creo que creció en muchas personas y hoy se le recuerda con cariño. También ayudó la alta rotación que tuvo la canción en las radios juveniles del momento, por supuesto.

Sin embargo, el tema no estuvo exento de polémica. Por una parte, el difunto rapero Canserbero, quien había sacado una canción con ese mismo nombre previamente, tomó las redes sociales para acusar al grupo de haber plagiado su concepto, pero el tuit ya no se encuentra disponible en redes. 

Por las redes sociales, muchos también notaron las similitudes entre el riff principal del single con Leave Before The Lights Come On, un outtake del primer álbum de los Arctic Monkeys, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006) justo antes de sacar al año siguiente el Favourite Worst Nightmare. Más allá del notable parecido, la banda confesó que nunca habían escuchado la canción y es cierto que el riff y el instrumento con el que lo tocan son bastante diferentes, así que solo queda como una anécdota más sobre el álbum.

2022, doble aniversario redondo

Este año no solo celebramos la década de Hotel Miramar, sino que Tomates Fritos cumple 25 años como banda. Tras su primer EP, La Primera Cosecha, lanzado poco después con la ayuda y el interés de Cayayo Troconis, que lo llevó a tocar en su ciclo de conciertos Miércoles Insólitos, junto al grupo La Hermandad (Yátu de La Seguridad Nacional, Fernando Batoni de Zapato 3 y Metrozubdivision y Bélica), Tomates comenzó a recorrer un camino que nos comenzaría a dejar una serie de discos fantásticos como Odissey (1999), Molly (2006), Hombre Bala (2010), Hotel Miramar (2012) y Tomates Fritos (2016). 

Han sido 25 años de exploración y clamor por sus canciones. De hermandad y de polémicas. De trabajo duro por finalmente lograr el respeto y el amor de un público que no se resiste a tirar de gañote para cantar cada una de sus canciones más emblemáticas. De frustraciones, seguro. De desamor, no hay ni que decirlo. Pero también de cosas por las cuales sentir gratitud y sonreír. No he visto una vez donde Tomates haya tenido un show de mierda que no haya sonado bien. Siempre que los vi, en cambio, creaban una mística tremenda, siendo la cúspide su show en el Sunset Roll de 2016, en el que tocaron justo cuando caía el sol, y puedo asegurar que esa imagen de ellos tocando con los tonos violáceos y naranjas del atardecer reflejado sobre el mar, representan una etapa muy bonita para mí. 

Y no creo ser el único que tenga que decir algo sobre Hotel Miramar. Por eso me es importante invitar a algunos compañeros de escena que nos den sus impresiones sobre lo que significó este trabajo para ellos en ese momento y lo que es para ellos ahora mismo, pues al final no siempre somos los mismos de ayer y nuestras formas de ver las cosas cambian constantemente. 

Boston Rex: “Lo único que teníamos claro cuando entramos a grabar era el nombre del álbum «HOTEL MIRAMAR»  queríamos hacer las cosas de otra manera, escribir un disco en el estudio, sin tantas vueltas y salir a tocarlo con energía de canciones nuevas, y así fue”.

Pata Medina:

Hotel Miramar es la cuarta entrega de Tomates Fritos. Una placa que hoy, a 10 años de su lanzamiento, deja claro el por qué posicionó a esta banda como la referencia obligada del buen rock & roll hecho en Venezuela, específicamente en nuestro querido Puerto La Cruz, no en vano bautizado por el gran Rafael Cadavieco como el Nashville venezolano.

La nostalgia, como hilo conductor y sello del muy querido y admirado Boston Rex, narra una historia a través de melodías y ritmos, que se pasean por el folk rock de a momentos, y a la vez que nos recuerdan aquel buen rock & roll “de garaje”, “despreocupado” pero en sintonía profunda y perfecta con el corazón de un género, que más que un género, es un estilo de vida.

Para Hotel Miramar los Tomates supieron usar sus fortalezas: riffs de guitarra poderosos, lineas de bajo y drum beats que nos mantienen conectados, como si lo estuviésemos directamente a la consola de un show en vivo de esta gran banda (de hecho, los instrumentos fueron grabados en vivo).

Hotel Miramar es una declaración artística de que la única manera de escuchar a los Tomates Fritos, es en vivo; he allí la esencia de un grupo que no es una banda de “rock & roll”, sino de una banda que ES “rock & roll”, que son cosas muy distintas. 

Eterna Soledad, Granola, Te Molesta, Tripolar y La Herida Que No Sana, este último mi favorito, son clásicos de nuestro rock & roll, y Hotel Miramar uno de los imprescindibles de nuestra colección de discos home grown”.

Luis Irán:Hotel Miramar aparece en un momento en el que una nueva generación, un cúmulo de bandas muy jóvenes se adueñaban de la escena. Este disco concentra, definitivamente, los diferentes caminos por los que habían transitado los Tomates hasta ahora: tanto en sus discos anteriores, como en su insuperable experiencia –aún hasta el día de hoy– en la carretera y define su estilo único. Hotel Miramar marca el instante en el que entran en un espacio que está más allá del bien y el mal, donde lo ‘mainstream’ o ‘under’ no alcanza para describirlo; donde sólo entran las bandas legendarias”.

Ava Casas: “En ese momento, Americania giraba con Sigo en varias ciudades del país. Íbamos camino hacia Puerto la Cruz, teníamos un toque en Lechería, y en la carretera mi tío Gus Casas nos comenta que tenía en el celular el nuevo disco de Tomates, muchísimo antes de que saliera. En ese momento, Ítalo, Armando y yo le rogamos que lo pusiera, y fue inolvidable escucharlo en esa carretera. Recuerdo que cuando sonó Granola, los tres dijimos “no puede ser lo que estamos escuchando”. A partir de ahí se convirtió en un disco súper recurrente para nosotros, para mí sobre todo, yo lo tengo en físico y lo pongo bastante, cada vez que agarro carretera. Mi tema favorito es Eva y la Serpiente y siento que es un disco que le dio una nueva dirección a Tomates; empezaron a incluir sintes, teclados, y es un disco súper fino y siempre vuelvo a él”.

Hasta el próximo disco

Tras situaciones internas y personales, distintas salidas y entradas de integrantes al equipo y un trabajo solista de Boston Rex, 2022 apunta a ser un año donde tendremos un nuevo álbum de Tomates Fritos. Ya han soltado tres canciones donde se siente la identidad de una banda que tuvo que pasar por un disco como Hotel Miramar para llegar a este momento.

Al final, Tomates es de esas bandas que quizás no escucharás siempre, pero siempre volverás a ellos, y muy probablemente, cuando vuelvas, sea a muchas de las 14 canciones de Hotel Miramar, por no decir al disco completo.

Temas como Viejo Submarino, Granola, Eterna Soledad, Lastre o Te Molesta, se han convertido en detonantes de recuerdos, en refugios para cuando nos sentimos de cierta forma, y en una forma de entendernos y vernos reflejados en las canciones, que es lo que hace de Tomates Fritos una banda tan especial.

Por eso, además de feliz aniversario, le decimos a los Tomates, cuantos sean, que los esperamos en el próximo álbum. 

A %d blogueros les gusta esto: