Era el 2001 y los nacientes monos del ártico ya empezaban a coquetear con sus instrumentos. Ya en el 2006, año de su ópera prima, el panorama del rock era extraño. La ola de artistas que encabezaron la ola de rock de garage de principios del presente siglo, había empezado a salir de las listas de éxitos, con grupos como The Strokes, Yeah Yeah Yeahs y The White Stripes llenando estadios, pero sin colar temas en el Hot 100. Al mismo tiempo la movida Emo demostraba su capacidad de crecimiento enamorando adolescentes de todo el mundo. Al mismo tiempo, el Nu Metal se había convertido en el hazmerreír de la crítica, dejando solo a System of a Down y a Linkin Park llevando el relevo.

En ese contexto, hace 15 años, cuatro jóvenes de Sheffield ya mostraban su disco debut, sumando los sonidos del indie rock, la ola del rock de garage y el punk para definir las noches de su ciudad. Whatever People Say I Am, That’s What Im Not fue toda una revelación, una explosión de sonidos liderada por la voz y las composiciones de Alex Turner, quien se destapaba aquí como una de las mejores voces del rock moderno. 

Sorprende con la distancia lo mucho que este debut revela de quiénes serían los Arctic Monkeys en el futuro. Ya Matt Helders sacaba a relucir las habilidades como baterista dignas de banda de metal que lo caracterizan. Ya Turner mostraba cierta maldad sexy en sus letras y voz, en particular en la icónica I Bet You Look Good On The Dancefloor o la despiadada Perhaps vampires is”a bit strong but… y ya eran de los mejores storytellers del rock moderno antes que existiese el término. 

Noches de Sheffield

Si bien el propio Turner evita llamar a su primer disco “Álbum conceptual”, al escucharlo es imposible no pensar en el disco como un retrato de su ciudad de noche. Algunas de las canciones representan con lujo de detalles la vida de la clase trabajadora inglesa después de terminar su turno, como o hiciesen a su manera y en su momento The Clash y Oasis. 

Algunas canciones, como From the Ritz to the Rubble narran las experiencias de los guardias de seguridad de los clubs nocturnos. When The Sun Goes Down es una mirada a la vida de las prostitutas que bien puede ser la heredera punk de Roxanne. You Probably Couldn’t See for the Lights but You Were Staring Straight at Me, deja a su protagonista tratar de ligar bajo efectos de luces; y por supuesto, I Bet That You Look Good On The Dancefloor es un resumen de dos minutos de toda la energía, las cervezas y la música de una de esas noches que termina con la salida del sol.

En todos los casos, la historia de The Arctic Monkeys se debe escuchar a través de una colección de guitarras explosivas, que beben tanto de la influencia del rock neoyorquino de The Strokes, como de la larga tradición del punk inglés. Es llamativo cómo trabajando con estas influencias, la banda no deja de crear piezas pegajosas y bailables, escrito desde la experiencia de escuchar bastante el disco con estas líneas: no es seguro escucharlo en público, es muy fácil terminar viéndose ridículo. 

El primer disco de los Arctic Monkeys sería considerado su mejor trabajo hasta 2013, cuando lanzaron el sórdido y sensual AM, y aún hay quienes podrían discutir de los dos trabajos merece la posición más alta en el podio de la banda. 

De todos modos, lo cierto es que, 15 años después, el disco bien puede bailar el Vals sin demasiadas preocupaciones. Sigue sonando igual de fresco que cuando fue lanzado, y mientras muchas bandas de rock empiezan a sumar sonidos de sintetizadores y electrónica para intentar que los confundan con bandas del Top 40, los jóvenes de Sheffield demuestran aquí que nos los necesitan para hacer canciones fáciles de bailar. 

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