Luego de un proceso de introspección que duró un par de años, León Larregui presenta su álbum Manifiesto de un Tremendo Delirio. Una reflexión acerca de la pérdida, las distintas formas del amor y la manera en que el arte sigue siendo la mejor revolución.

Las rupturas suelen ser procesos complejos, pues obligan a replantear no sólo nuestras creencias más profundas respecto al amor y la eternidad, sino que también nos obligan a mirar nuestro interior. Curar aquello que hemos descuidado y ponernos cara a cara con nuestras sombras y luces.

Ahora bien, al resultar experiencias reveladoras, también suelen inspirar grandes obras, como el caso de Manifiesto de un Tremendo Delirio, nuevo disco de León Larregui. Aquí presenta uno de sus lados más vulnerables a lo largo de 13 canciones, mismas que reflexionan sobre la pérdida, la melancolía de la cotidianidad, las ganas de vivir un mundo mejor y el renacimiento personal.

‘Este disco es medio melancolicón y habla de un momento de mi vida. Tardé dos años haciéndolo y habla de cómo viví esos años, un poco difícil, pero fue la forma de procesar todas las cosas que estaba viviendo’, comenta León Larregui.

León Lerregui nos lleva de viaje por la nostalgia, el deseo y una especie de melancolía luminosa, armados sólo con una maleta, elemento narrativo esencial para entender el disco, pues en este artefacto caben las memorias, emociones y reflexiones propias de la vulnerabilidad.

Acompañado por músicos de primer nivel como Vincent Polycarpe (batería), Victor Mechanik (guitarras, sintetizadores) y Fabrice Colombani (percusiones), así como un equipo de producción de ensueño (conformado por Remi Peral, Jack Lahana, Rob Coudert y Adán Jodorowsky, quien también se encargó de grabar el bajo), León Larregui entrega la que quizá sea obra más significativa a la fecha, demostrándonos que aún en las grietas del corazón, la luz es capaz de colarse para iluminarlo todo.