A finales de febrero del 2021, el músico y productor venezolano Andrés Ponce estrenó su nuevo EP titulado La Que Es, con el proyecto que lleva el nombre de Venezonix, que se basa en la fusión de ritmos afro-venezolanos con la electrónica para crear nuevos ritmos que combinan las melodías autóctonas de nuestro país, con los elementos más modernos y bailables que se utilizan en el mundo. 

Para esto, decidió contar la cantante y compositora Betsayda Machado y su banda La Parranda del Clavo, que ya tienen varios años de trayectoria en el ámbito musical venezolano, siempre con los sonidos de la tambora y producciones de estilo orquesta. 

Fue desde Miami, lugar de residencia de Ponce, que ambos lograron coincidir para volver a poner en marcha el proyecto, ya que, debido al movimiento generado con Elastic Bond, banda creada en el 2006 y en la que Ponce pertenece, Venezonix se mantuvo en pausa durante varios años, buscando a su vez su verdadero camino, que fue encontrado años después con las influencias afro-venezolanas.

Tuvimos la oportunidad de hablar con el productor acerca de los inicios del proyecto, el proceso de búsqueda e investigación para poder llegar al producto final, además de divertidas anécdotas de amigos que se reencuentran en el exterior. También nos contó sobre su conexión con su país natal, que lo llevó a crear un disco que combina a la ciudad de Caracas, con Miami y Barlovento.

¿De dónde nace el nombre Venezonix?

El proyecto ya tiene como unos 8-9 años y era muy informal al comienzo. Al principio se basaba en mi fuerte con el estudio, las grabaciones, la producción. Me gustaban los toques en vivo pero mi preferencia siempre ha sido en el estudio. Entonces, para ese momento yo estaba trabajando en unos demos con un percusionista venezolano de la región de Aragua- Choroní, con el que coincidí recién llegado a Miami, y como yo era tecladista, me invitaron a un toque con ellos. Siempre mantuvimos la idea y un día surgió el pensamiento de grabar algo en mi casa con el estudio que tenía y él aceptó y se trajo todas sus tamboras; ahí se generó el nombre Venezonix, que significa Venezuelan Sonics, sonoridades venezolanas. Después le mostré los demos a otro amigo que organizaba un festival de música africana-fusión que se hace todos los años en Miami, le encantó y nos dio esos primeros toques de hace ya como 8 años.

Ahí todavía no había definido bien el balance de la grabación que quería hacer, del arte, del proyecto, y luego lo puse en pausa. Mi otro grupo, Elastic Bond, también comenzó a activarse y nos íbamos de gira, sacamos discos, etc. Mientras Venezonix estaba en pausa, justo con Elastic Bond nos invitaron una vez a un concierto de Los Amigos Invisibles para hacer la canción de Espérame que teníamos con ellos, y al estar ahi super honrados conocimos también a Betsayda, entonces en el backstage nos conocimos todos: tanto LAI como Betsaida, nos tomamos unos roncitos y la pasamos super chévere. Cuando escuché su disco me dio como una epifanía de retomar la idea del proyecto porque me encantó que fuera tan puro y auténtico todo lo que lograron en Barlovento además, y luego seguí trabajando hasta llegar a La Que Es, inspirado en el CD de Betsayda, específicamente en un sangueo que tienen, y empecé con un tema instrumental.

Al año siguiente de ese evento, Betsayda y La Parranda regresaron para el musical y nos volvimos a reencontrar todos –esta vez no en el backstage sino como público– y en ese mismo viaje les propuse si querían colaborar y les gustó la idea. Ahí todos nos ayudamos para terminar de componer los temas y terminó siendo todo buenísimo. Aparte, el manager de ellos también me pidió hacerle un remix a una parranda de ellos y luego lo utilicé para introducirlo al álbum.

¿Y cómo llegaste a ese estilo de fusión entre el afro-venezolano y la electrónica? ¿Fue gracias a la unión con estos músicos o lo tenías pensado desde antes?

Bueno, empezó como una inquietud y una búsqueda porque mis amigos son percusionistas, y por más que sea, es el mismo formato acústico de voces, tambores, etc., pero siempre me quedaba esa duda de por qué no se habían hecho más fusiones como con la cumbia, la música afroperuana, norteña de méxico, todo por ese lado. La música electrónica sí es algo mío desde que vivía en Caracas cuando fueron esos raves, el Unity, todos esos eventos de Caracas donde se vivía una época muy bonita cerca del 2001, por los 90, que fue cuando yo me fui, y además que estaba esa escena electrónica cuando salió Daft Punk, The Chemical Brothers y todas estas bandas que formaban parte de esa onda que siempre me encantó. 

Igual a mí me encanta la música de todos los estilos: reggae, salsa, funk… soy muy amante de la música y esta parte del folklore fue algo más indirecto, porque además crecí con eso por mis padres y el colegio, y ya en Miami fue bien directa esta conexión con los percusionistas. 

También nos invitaron a la grabación de un video con artistas de Venezuela y me acuerdo que estaban Francisco Pacheco, María Rivas… en ese momento que nos conocimos, fuimos al afterparty, convivimos, y de alguna manera, vino a mí ese estilo y además, como tengo tanto años sin pisar Venezuela, creo que nació esa necesidad de conectarme con mis ritmos y sabores propios. Esos fueron otros motivos más la búsqueda. 

Ahorita también ando como fiebrúo coleccionando vinilos de tambores, parrandas, música venezolana y eso. También ando estudiando grabaciones hechas a finales de los 70 y 90, y claro, hay muchos grupos nuevos, pero siento que es importante escuchar esa raíz porque es lo más auténtico posible, lo que ayuda a crear algo más potente.

¿Cuáles fueron tus principales fuentes de inspiración para el proyecto?

Definitivamente Betsayda y toda la parte afro-venezolana que te he estado comentando, también música electrónica como Perneta, Bomba estéreo, Novalima, Kaytranada (haitiano en montreal) y Lido Pimienta. Igual yo siempre ando escuchando música de todos los estilos para agarrar herramientas estilo samples que me pueden servir, así como hacen los beatmakers. También está  Vytas Brenner, Cheo Pardo y  Los Amigos Invisibles que siempre han sido como mis mentores desde cierto modo, porque hemos colaborado en diferentes proyectos. Es una mezcla. Y también diría que Gorillaz, que mezclan varios ritmos con la electrónica, o Ibrahim Ferrer. Es la mentalidad de unir varios géneros que, tal vez pienses que no pegan, pero terminan teniendo un gran contraste que se logra armar de forma interesante. 

Andrés Ponce «Venezonix».

El álbum que sacaste para estrenar Venezonix se llama La Que Es; ¿cómo llegaste a ese nombre? ¿Qué significado tiene?

Me gustó porque es como simple, muy claro, se puede interpretar de mucha formas porque además, es una frase que se usa mucho de forma coloquial en cualquier contexto, y es corta y la gente se puede identificar con eso, porque además, en parte, nos representa como caraqueños y venezolanos en general. Puede ser muchas cosas, pero es como decir que esta es nuestra identidad. Después de tantos años tratando de ser rockero, punketo, ir al reggae, merengue y todo en búsqueda de lo de afuera, ahora en lo de adentro siento que es más sincero; creo que el nombre refleja eso. 

Como ya mencionaste, te tocó trabajar con Betsayda Machado, ¿cómo se sintió incluirla en este disco y cómo llegaron a un acuerdo para esa colaboración?

Fue a través del manager de ellos, director de la obra del musical y su álbum. El día del musical me fui directo con él para coordinar, porque no tenía mucha confianza con ella para ese entonces y fue una propuesta que le hizo sentido a todo el mundo y terminó siendo, a pesar de todo, de último minuto –porque ni siquiera sabían si podían. Entonces, cuando aceptaron de un día para otro, como su equipo es más grande, me tocó alquilar un estudio corriendo y resultó perfecto porque se cuadró toda la microfonía y el tema de los tambores. También terminé estando más tranquilo porque me concentraba más en las letras, en las voces, viendo los arreglos y tal. Fluyó de forma muy espontánea y lo que me honró mucho fue que, desde que le mostré la idea a Betsayda, ella reconoció el ritmo del sangueo y ahí supe que todo se interpretó bien y lo vi como buena señal. Fue diferente el tema de la orquestación y los diferentes estilos, pero a todos nos gustó  mucho, quedamos muy contentos. Al día siguiente seguimos hablando y bueno, fue finísimo (risas). Terminamos comiéndonos unas arepitas y unas empanadas en el estudio. 

Betsayda Machado. Vía Guataca

Si pudieras trabajar/componer con algún artista venezolano, ¿quién sería?

Yo admiro mucho a C4 Trío, a Rafa Pino y Luzmira Zerpa, que ahorita está en Londres. También me encantaría trabajar con viejos amigos como mi hermano Magú, ex guitarrista de Desorden Público, con quien tuve mi primera banda en Venezuela, y Neil Ochoa de Los Crema Paraíso. Con ellos dos trabajé pero muy poco, y me gustaría ya trabajar más a fondo con ellos. Orestes Gómez también me encanta y toda la movida del hip hop venezolana. Tengo una larga lista. 

En Elastic Bond también hacían una especie de fusión de dos culturas distintas, ¿cómo fue el cambio de trabajar el estilo más tropical al otro más venezolano y electrónico? 

Creo que sí, era algo que me hacía falta, como un balance, porque con Elastic Bond, el mismo nombre lo dice, el concepto siempre fue como muy abierto, mezclando demasiados estilos; en cambio Venezonix es mucho más específico y tiene sus límites en cuanto a los ritmos. Creo que me hacía falta ese cambio para afinar el proceso de todo y para delimitar un poco. 

No cambió mucho porque de cierto modo yo era el productor de todos los discos de Elastic Bond, o trabajando con Black Pumas, esa aparte no cambió tanto; lo que cambió fue el tema de la música venezolana que me llevó muchos años pulir para que tuviera el quebrao necesario y no se sintiera trancado. Ha sido toda una evolución porque el género folklórico es complejo, lleno de muchos ritmos fascinantes, y que lindo que los niños nazcan con esa cultura. El otro día hablaba con un amigo que, muchos músicos profesionales, de jazz por ejemplo, han tratado de hacer estos ritmos y no lo logran, entonces te das cuenta que tiene su escuela, es muy callejero, es un estilo autodidacta y me parece que es increíble. 

Si pudieras describir a Venezonix con tres palabras, ¿cuáles serían?

Wow… Creo que Caribe, tradicional y futurista

Has dicho que llevas aproximadamente 20 años fuera de Venezuela pero que, a través de la música te has podido conectar mucho con ella ¿cómo ha sido ese proceso? ¿En algún momento pensaste en cambiar de estilo que no incluyera la música popular? 

Pienso que esto fue como una punta del Iceberg, porque no tenía ni idea de cómo esto se iba a desarrollar; la impresión era de que había muy poco material y muy pocas fuentes, pero luego me di cuenta de que si estaban ahí y lo que tenía que hacer era indagar y buscar un poquito más. Ahora estoy inspiradísimo para seguir con lo afro-venezolano: me compré unos tambores que hicieron los de la Parranda del Clavo allá en Barlovento, entonces me va a permitir explorar, incluso, mi primer instrumento fue la batería, entonces ya medio vengo de la percusión y quiero estudiar esa aparte para ver si grabo mis propias cosas en algún momento y también espero seguir experimentando en verdad con otros ritmos porque hay muchos estilos. Es algo que me vuela la cabeza porque, por ejemplo, culo e’ puya hay como seis variaciones, con tantos tipos de tambora y eso, como si cada pueblo tuviera su ritmo y su tambor, cada uno tiene su encanto. Siento que hay mucho por inventar con esta parte. 

Con las otras músicas venezolanas las admiro, pero no tanto como está; es decir, aprecio la gaita y el joropo, pero no creo lanzarme a investigar sobre eso y trabajarlo a fondo, también que tampoco he estado tan expuesto y lo respeto. 

¿En qué consiste tu proceso creativo? Es decir, ¿cómo llegas a una canción? ¿primero empiezas por la melodía y luego por las letras?

Creo que varía de tema en tema. Siempre tengo ideas de temas y melodías pero soy en general muy instrumentalista; entonces, más bien, para este proyecto, apartando a Elastic Bond que es completamente diferente porque nos inspiramos en canciones, creo que aquí todo es en base a los ritmos. La mayoría de canciones empiezan por ahí. Hubo un tema que empezó con el cuatro, Aguacero, y es el único que tiene tanto cuatro. Es el tema que compuso hace más tiempo, es el más viejo, lo tenía desde hace tiempo con esos acordes pero no me convencía con otros ritmos. Intentamos con Calipso y no gustó, pero en este álbum, con sangueo y un poco melancólico, me encantó.

¿Cómo ves a la escena musical venezolana de hoy en día? Si le pudieras dar un consejo a esos jóvenes que están comenzando, ¿qué les dirías?

La movida me parece que tiene cosas super interesantes, me encantan los Motherflowers y todos sus propuestas y veo todo super fresh en la escena. En cuanto a consejo me parece que ellos son un buen ejemplo, porque me parece que ellos se encargan no solo de ser el artista sino de producir, hacer los videos, la presentación visual, entonces creo que aprender de otras cosas ayuda mucho. A mí me ayudó mucho, particularmente, el estudiar ingeniería de sonido; entonces, aprender de eso, o aprender un poco en el music business funciona y lo recomiendo, estudiar un poco de todo para sí. Pero, controlar más el proyecto, porque, si terminan contratando a alguien, te podrás comunicar en el lenguaje de cada uno, y mientras tanto irlo haciendo con los recursos que se tengan, con creatividad y mucha fe. Esta carrera es un maratón y es importante tener todo eso.  Y también aprovechar todas esas herramientas que se tiene con el internet que maximizan las oportunidades. 

¿Qué te encuentras escuchando ahora que, a su vez, puedas recomendar al público Cúsica? 

Me gusta mucho el álbum de Raul Monsalve con su onda afro-beat-funk, el disco de The Avalanches, el disco de Omar Apollo; soy fan de Maye, y Lido Pimienta. Ha estado saliendo música super buena en esta pandemia. Y también los Motherflowers, el disco de Cheo y Dealers in Caracas.  

¿Tienes canciones favoritas de músicos venezolanos actualmente? Si la respuesta es sí, ¿quienes?

Tulum, de Orestes Gómez y Mcklopedia . 

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