Vetusta Morla es uno de esos grupos que me recuerdan a una época de mi vida bastante puntual. La banda era una de las que rotaba en 2011 en mi Ipod en los numerosos descansos que regala el quinto año en Venezuela. En un momento en el que, gracias al rock venezolano, había hecho el esfuerzo de escuchar rock en español, los primeros dos discos de la banda sirvieron para abrirme las puertas musicales de España. 

Al mismo tiempo era complicado no sentirse decepcionado cada vez que el grupo anunciaba una gira latinoamericana, en particular cuando salieron de gira por continente junto a Zoé que pasó por básicamente todas las capitales de la zona, menos Caracas. Por tanto, es normal que se volvieran una de las bandas que debía ver antes de morir, y siendo honestos, no hay nada como verlos como un inmigrante recién llegado a Madrid.

Formado por Pucho (Juan Pedro Martín, voz), David García «el Indio» (batería), Jorge González (percusión), Alejandro Notario (bajo) y Guillermo Galván (guitarra) el sexteto madrileño tiene más de 20 años de carrera, y en el tiempo han creado una de las fanaticadas más leales de su país y del mundo hispano. Es difícil pensar en un grupo de rock español más importante que se haya formado en este siglo, e incluso es fácil incluirlos entre los nombres más importantes del género en este momento.

A pesar de las dudas, no pude resistirme cuando la banda anunció una nueva fecha en el Wizink Center. El grupo cierra su gira ‘Mismo Sitio, Distinto Lugar’ con tres presentaciones en el otrora palacio de los deportes, demostrando su estatus como fenómeno de masas. Si el rock está muerto, nadie se lo avisó a la banda, ni a las 15.000 personas que entonaron cada pieza de su repertorio anoche.

Vetusta Morla en Madrid

Vetusta Morla en Madrid

La agrupación abrió su set de más de dos horas con el tema que da título a su disco reciente: Mismo Sitio, Distinto Lugar. De allí mezclaron los temas de ese álbum, tocaron cada una de las canciones de ese lanzamiento, con algunos de sus mayores éxitos. El grupo consigue llevar un impresionante número de emociones a la tarima, la rabia de Golpe Maestro o Palmeras de la Marcha, la nostalgia y la esperanza de Copenhague y el salto entre bilis y melancolía que implica Maldita Dulzura

Es posible marcar algunos defectos menores, como la primera media hora donde el audio no necesariamente se acopló a la acústica del recinto, pero si de algo vale de ver a Vetusta Morla es el sentimiento de comunidad que invitan sus conciertos. Para cuando tocaron Saharabbey Road como primer cierre, el público cantaba a todo pulmón el coro, incluso unos minutos luego de que la banda se bajará. Por supuesto volvieron para cantar otro grupo de canciones y despedirse definitivamente con el clásico Los Días Raros

A pesar de todo en un momento como este, vale la pena que el grupo no necesite apoyarse en ningún tipo de aditivo electrónico. El show con el que cierran la gira es puramente orgánico, las guitarras, los pianos y la voz de Pucho fueron suficiente para que la banda hiciera la fiesta de despedida de su ciclo.

Vetusta Morla en vivo se revela no sólo como un grupo potente sino como uno de los que le da su identidad al mundo alternativo de Madrid. Para un inmigrante. verlos a pocos meses de aterrizar. funciona como un abrazo, sentirse parte de las 15.000 personas presentes en el Wizink. fue sentirme parte de la ciudad, sentir finalmente que tengo un nuevo hogar.

Es difícil saber qué viene ahora para la banda. Su disco Canciones dentro de Canciones es una reversión de su último trabajo, lo que es difícil de entender cuando el disco tiene ya dos años en la calle y pareciera que no queda mucho filo que sacarle, incluso cuando la nueva versión de Palmeras de la Mancha promete un trabajo interesante. A pesar de todo, luego de verlos en vivo, es complicado no tener confianza en el sexteto, finalmente ya lo dijeron ellos en su primer disco: “dejarse llevar, suena demasiado bien”.

 

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