El miedo a ver la verdad de nuestra realidad, es algo que todos tenemos y sentimos en algún momento, razón por la cual muchas veces no nos gustan ciertas canciones o hasta bandas que suelen describir etapas que el ser humano transita y que, muy posiblemente, estén en nuestras vidas. Entre esos músicos, está la agrupación alternativa venezolana, La Vida Bohème, quienes se han caracterizado por mostrar las percepciones del país desde diferentes puntos de vista como el sentimiento, el pensamiento y la ira, haciendo así un perfil sociológico de las generaciones que conviven en un mismo territorio en su trabajo musical.

A pesar de que muchas veces podamos pensar que un miembro de un grupo como ese es una persona inaccesible y muy cerebral, Henry D’Arthenay está mucho más unido a sus sentimientos y a dar un mensaje de unión más que explotarte en la cara con tus errores y con los problemas políticos, sociales y económicos por los que está pasando su país natal. Al llegar a la oficina, estuvo muy contento de saludar a todos los miembros del equipo y a la hora de comenzar la entrevista, fue como si fuésemos amigos desde hace mucho tiempo y que se están poniendo al día tomando un poco de café y fumando un par de cigarros.

Ya se terminó una etapa con la trilogía anterior, ¿qué tanto ha cambiado La Vida Bohème en lo que viene? ¿Tendrá otro foco?

«Capaz esto es algo en lo que estoy súper equivocado porque estoy dentro porque una vez que estás dentro del agua, no puedes ver mucho lo que está en la orilla o te parece que todo es lo mismo. Sí creo que es distinto porque la banda ha tenido como la meta de no tratar de repetirnos para mantenerlo divertido para nosotros.

Diferencias entre lo de antes y lo de ahora. Yo tenía la obsesión de terminar mi trilogía, de literalmente contar mi historia en tres partes, a mi manera, ¿sabes? Con los recursos que yo quería y una vez que lo terminé, fue como un peso fuera de mis hombros porque ahorita no tengo ningún tipo de ancla conceptual que me amarre y todo lo que viene va a ser una gran cantidad de canciones. Pero especialmente van a ser canciones. 

Con respecto a sonido, sí es distinto. Sin embargo, es lo mismo. O sea, tendría que literalmente ponértelo para que me digas tú cómo lo sientes, pues. A nosotros no nos gusta repetirnos y, si acaso, la única diferencia que puedo decir entre lo previo y lo actual es que eran tres discos con un concepto amarrado y cada uno con más o menos 11 o 13 canciones; con lo nuevo va a ser diferente. Creo que el cuarto disco va a ser doble, por ejemplo, y sin ningún tipo de concepto. Al mismo tiempo en el que estamos haciendo ese álbum, se están haciendo, vamos a llamarlo, dos discos más aparte que también van a salir. Se vienen como cuatro discos de la banda de una, sin concepto, pero un montón de canciones, de cosas, de ideas. Me gusta mucho la idea de las fábricas y la producción en masa y cómo eso puede ser algo estético, algo no sin alma, sino bastante vivo.

Todo lo nuevo del grupo se está grabando en vivo, y sobre eso, yo hago mis tonterías, mis cosas, mis sintes, mis pendejadas. Eso es una gran diferencia también con respecto a lo anterior y es que antes lo hacíamos por partes. Ahorita es tal cual es una sala donde nos prestamos y nos ponemos a tocar hasta que damos con algo, “Ok, esto es una canción”, y sobre eso trabajamos. Eso es lo más que puedo decir. 

Yo siempre pienso en la técnica, a pesar de que seguramente estás pensando en un género o en ese tipo de cosas, y es difícil decirlo, porque tenemos desde canciones instrumentales, de reggae, de muchas cosas, de hip hop… Tenemos muchos amigos en ese mundo y hay varias cosas ya grabadas con ellos, nosotros como su banda y ellos como las palabras, que están chéveres pues, a mí me gustan, ja, ja, ja. Entonces el género sigue siendo rock and roll en el sentido en el que sigue siendo un bajo, una batería, una guitarra y, capaz, unas teclas, un sinte. Pero nunca atados a “No, este disco es electrónico, este disco es instrumentista o este disco es el rockero” que creo que es lo que pasó con Nuestra será la lucha, ¿no? Ahora estamos liberados. Yo muchas veces dije que nosotros hicimos tres discos para formar una banda, o sea, no como “Tengo mi banda y voy a hacer estos discos”. Para mí, esto fue el colegio, el bachillerato y la universidad y ahorita ya sé cuáles son las herramientas y voy a hacer lo que me da la gana con eso, básicamente».

¿De dónde sale ahora la inspiración? ¿En qué se diferencia de los inicios? ¿Qué mantienen como elemento fijo desde su nacimiento?

«Yo escribo dos horas al día desde hace un año para acá. Cuentos, poemarios, letras… Y la verdad es que mientras más escribes, es más fácil saber quién eres porque es muy distinto cuando escribes algo pensando en que quieres transmitir una cosa, una idea que tuviste. En el caso de Será, era mi obsesión porque eventualmente iba a ser una sociedad de urbanizaciones porque todo el espacio común iba a estar derribado o La lucha que desarrolla nuestras vivencias fuera, sin raíces o Nuestra que era la visceralidad, querer expresar algo y que no te dejen. 

Ahorita… creo que está cabrón. Déjame pensar, déjame pensar, déjame pensar… Una de las canciones es acerca de un sueño que tuve sobre una hija que no tenía. Otra fue con un incidente que tuve con un primo que empezó a disparar aquí en Caracas en una fiesta. Otra de las canciones es una comparación del sistema de la música con el sadomasoquismo. Como te digo, no hay nada conceptual con respecto a “Ahorita vamos a hablar de las puertas”, sino que si hay algo que quiero decirte de las puertas, voy a decírtelo pues. Pero debo decir que es mucho más humano, hay muchas experiencias más personales y creo que en mucho de lo que hice antes como que tenía miedo a excepción de Flamingo, capaz en Domingo, Aún, ese tipo de situaciones en las que yo siento que he estado mucho más personalmente y ahora es mucho más personal. Sí me estoy poniendo ahí en el medio, no estoy intentando darte ningún tipo de idea sobre cómo yo creo que será la sociedad post apocalíptica venezolana (risas), o sea te quiero contar algo pues, punto. 

Capaz la más extraña dentro de este paquete es una que se llama Acción o Decreto de guerra a muerte a los traidores del rock latinoamericano que es básicamente nuestra respuesta a eso de que nadie hace rock por lo visto, todo el mundo está cómodo con ser popular y decirte cositas [cantando]: “Suavecito, bonita, te quiero aquí conmigo”, nada más porque eso es fácil de escuchar, tienen un tono ahí y empezaron con otro y he visto como muchas historias de rockeros de que han cedido al hecho de que nadie quiere combate y en verdad nosotros sí queremos combate, hace falta. Por ahí van los tiros. 

Estamos hablando de hoy, estamos hablando del 2020 y nunca habían sido más turbulentas nuestras vidas como sociedad en conjunto y yo nunca había visto eso y un ámbito tan fuerte de que “no vamos a hablar de eso porque es muy incómodo” y al mismo tiempo hay mucho humor. En lo nuevo, hay mucho humor y en los otros no había nada de eso, cero chistoso, cero funny, dead serious y eso es algo que yo de entrada como que empecé a rechazar durante este último año con nuestro nuevo disco, sí quiero que te rías. La risa es muy importante, no te puedes tomar todo tan en serio. En verdad, si te pones a pensarlo, los temas más jodidos de hablar en el momento en el que los haces chistosos, los haces pequeñitos como enanos. Entonces un dictador, es un gordo bigotudo tonto. Es chistoso y en Venezuela somos los reyes del “chaleco”, no me jodas. 

Entonces sí, creo que mucho de lo que llevamos es muy experimental, en el sentido de que tienes que experimentarlo. No porque sea loquillo, sino que yo necesito que tú lo escuches, que lo vivas conmigo. Por eso todo lo que estamos tocando han sido experiencias en vivo, estar tocando frente a gente. Bueno, en los últimos años de la banda, hemos llegado a hacer jam sessions de 20 minutos dentro de un concierto, entonces La piel del mar, que es una canción de cuatro minutos, terminaba durando 15 y de ahí salían canciones porque de repente pasaba algo, alguien le daba un golpe a algo y sonaba un ruido y, pam, ahí tienes una canción. Entonces es mucho más orgánico, mucho más vivo, no queremos sermonear a nadie y eso es lo principal. Cero sermón aquí, esto es de tú a tú. Yo te voy a contar de mis cosas y te voy a contar cómo yo las veo y cómo yo las creo, algunas van a ser totalmente ridículas y embarazosas y otras van a ser totalmente tristes y patéticas, pero va a ser de tú a tú. No estoy intentando meterle a nadie visión de nada, quiero compartir a nivel más de visitar».

¿Qué han estado leyendo, viendo o escuchando que los ha ayudado en la creación del LP?

«Esa está cabrón, porque, por ejemplo, he estado leyendo un libro, De animales a dioses, de señor llamado Harari, que básicamente echa el cuento de cómo nosotros los sapiens terminamos siendo la especie dominante, cómo usamos el fuego, cómo el hecho de que nosotros podemos mentir también influyó porque les decíamos a los otros “Si te metes allí, te va a caer el dios del trueno”, entonces uno mentía para mantenernos con el mito, eso es algo que he estado leyendo.

De visualizar cosas… Me atrevo a decir que todo ha sido bastante… no tomado de cosas, ¿eh? No leído, no de cine, no de música. Una de las canciones que ya está lista, de hecho, fue que yo hice un viaje de hongos en la Ciudad de México con un amigo mío y en el viaje vi un montón de cosas, vi como el barro hace composta con los cigarrillos, con el plástico y cómo lo que nosotros hacemos día a día con nuestra vida y las cosas que pensamos, al final forman parte de la tierra y ella forma parte de los árboles. Todo eso es un mismo todo. Les gustaría pensar en la tierra como esto puro y como un piso vital; pero no, ahí hay seguro un CD de Daddy Yankee escondido con un chicle, ¿me explico? Entonces llegamos al estudio y estando en el trip de ácido, empezamos a tocar horas y horas y horas y horas hasta que salió. Yo iba escribiendo a medida que me iban pasando cosas por la cabeza, yo iba anotando, “ok, perfecto, esto es un tema, pum, siguiente”.

Ha sido muy vivencial. Nosotros hemos vivido muchas cosas. En estos últimos cuatro años, te puedo decir que he tenido pistolas en la cabeza, me mudé a la selva en la península de Yucatán, casi nos ahogamos todos juntos en el Caribe, en un arrecife, y hemos aprendido mucho a convivir, a literalmente vivir. Par de coñazas que vivimos en Bogotá también fueron importantes para eso, ver a chamos de 20 años entrándose a coñazos, no sé si has visto eso alguna vez en tu vida, seguramente sí, que de la nada se convierte en un desastre como tal. Entonces ha sido muy vivencial. Lo último que hemos estado haciendo no va a venir de “Vi esto y lo quiero hacer así” o “Vi tal película y lo quiero hacer asado”, siempre ha sido en punta de vivir, viajar, experimentar cosas juntos y con suerte tener algún instrumento cerca para poder traducirlo en alguna canción o algo».

¿Seguirán trabajando con Eduardo Cabra en el nuevo disco?

Cuando mencioné al productor, se le iluminó el rostro completamente.

«Con Eduardo siempre vamos a trabajar. Es nuestro hermano, una de las personas más queridas que yo tengo en mi vida ahorita. De hecho, Eduardo iba a venir para este show de Cúsica. La idea era… Nosotros hicimos un show en Central Park en Estados Unidos con Eduardo, que fue una cosa muy linda que es como La lucha tiene que experimentarse. Con una banda de siete personas para tocarla como es y él era parte de ese team, pero como Eduardo de Puerto Rico y es la última colonia de ese país, tiene pasaporte estadounidense y las personas que lo tienen necesitan una visa para entrar a Venezuela. Entonces por esa razón, Eduardo no vino a hacer también talleres de producción casera, cómo grabar con pocos medios. En La lucha fue de grabar muchas cosas con el celular, con esto y tal, para tratar de agarrar samples del mundo y por eso con Eduardo uno aprende a cómo tratar el sonido, a cómo trabajar cuando no tienes nada en tus manos, solo un celular y capaz un programa de mierda en tu laptop. Con él, vamos a seguir haciendo cosas.

En este disco, los productores son Rudy Pagliuca y Héctor Castillo, que es un productor muy cool. Yo soy como un coproductor. La banda y yo, hay veces en los que los discos salen coproducidos como “esta gente y Henry D’Arthenay” o “coproducido por La Vida Bohème” y es porque nosotros en verdad sí… Yo, personalmente, estoy muy metido en el proceso de grabación. No puedo no estarlo. Para mí, es parte del proceso. Sin embargo, este disco nuevo el team es con Rudy Pagliuca, que es con quien hicimos Nuestra y Será, y Héctor Castillo, que me atrevo a decir que es mi sensei y que es un ícono del rock en Latinoamérica porque fue quien hizo Fuerza de Cerati, trabajó con Bowie… O sea… fue el bajista de Dermis Tatú».

¿En qué se inspiraron para el videoclip y la composición de América y tú?

«Yo quería contar la historia de América y nosotros y de alguna manera, me parecía chistoso estar en un continente tan chistoso como este y contar la historia de una resurrección tipo Lázaro. Entonces, en vez de escoger a un personaje piadoso, decidí asumir, digamos, quien es nuestro mártir día a día en todos lados, que es básicamente la persona que se vuelve mierda: el borracho, el cual está maldito. La inspiración era hacer un viaje desde que básicamente revive, está en la tierra, en la basura, recién caído del cielo y estás en la tierra, pum, como Mr. Bing, y luego tienes que preocuparte por el dinero y comienzas a vender, a comerciar y una vez que lo empiezas a hacer, subes al siguiente nivel que es la muerte. De la tierra a lo material, de lo material al cementerio y allí consigues el amor en el lugar más extraño que en este caso es una monja y allí nos vamos a lo que sería el cielo en la tierra que es una azotea gigante donde no tienes reglas y hay un montón de esoterismo, tarot y un montón de símbolos y cosas no tradicionales, no ortodoxas con respecto a opinión. 

Mi idea era contar esa historia de cómo nosotros, básicamente, vivimos un viacrucis y nos inmolamos. Es una vida e intentamos conseguir el cielo en la tierra, que es lo máximo que podemos anhelar y creo que eso es una historia muy americana, una de superación si acaso y de aceptación porque, al final, eso se grabó en Corpus Christi que es una colonia muy, muy pobre y muy peligrosa en la Ciudad de México. Siento que las cosas corporales son importantísimas en la vida y yo quería hacer tanto una canción como un video, que los dos nacieran en conjunto y quería reflejar eso, que capaz esto es todo lo que tenemos, lo máximo que vas a llegar y dentro de tu cuerpo de mártir, puede que tengas la salvación en los lugares menos esperados».

¿Vas a seguir tocando temas similares en tus temas como solista?

«Está curioso, el disco solista se llama El club de los suicidas y es básicamente mi historia desde el 2016 hasta ahorita, que fue desde ese que me han pasado muchas cosas a nivel personal muy extrañas. La mitad del disco tiene nombres de mujeres por todas las mujeres con las que la cagué en estos años: mis santas, mi madre… y pues sí, o sea, no sé qué decirte porque al final El club de los suicidas es una historia de superación. Entonces comienza con Ximena que es la primera chica que perdí y sigue pa’ Jazmín que es mi madre; luego América y tú que es “Bueno, acéptalo, es hora de ganar dinero, pendejo” [chasqueó los dedos], jajajaja. Hay una que se llama Gente cruel que es con esta chica que salía, una cantante mexicana: es acerca de una camisa que yo le di a una novia y que luego cuando terminamos, se la volví a ver con otra persona, entonces es la historia de la camisa, jajaja; termina con Tu enferma edad que es básicamente la idea de “si tienes una herida que sanar, vale la pena sanarla”, porque igual nos estamos suicidando día tras día en el mundo. O sea, independientemente que saltes por la ventana, tu vida va a ser un pico y una caída, de hecho me atrevo a decir que es una gran caída libre, desde que naces hasta que… entonces, yo quería hacer mis pequeñas cosas y estupideces y las pequeñas derrotas, como esa camisa, quería hacerlas triunfales y por eso quería que América y tú fuera como mi himno religioso, ¿sabes? Para mí, el rock and roll es como una religión y por eso es así. Pero el hecho es que quería hacer todas mis pequeñas derrotas y triunfos como algo épico y digno de un club, algo que compartirías en un club con amigos de una manera bastante bochornosa. 

Para mí, El club de los suicidas es como un disco que se tiene que experimentar en una piñata para niños con tus jevas y amigos, básicamente, ¡y que cada uno cuente las siete cosas más a uno le dan pena en el planeta, güevón!, o que haya vivido hasta ese momento, y ya, está listo. De hecho, he estado grabando como videollamadas con personas como que desconocidos que han tenido pensamientos depresivos y los utilizo como samples del disco, pues, entonces a modo de joda lo ponemos como si fuera una sex line, “entonces metiste la cabeza en el horno, ¿uh? ¿Qué tan dentro la metiste?”, tratando de quitarle el peso al hecho de que en verdad es algo que solemos hablar con tanto cuidado que casi no te puedes reír de, y yo siento que esas cosas son con las que tienes que tener esas medidas porque se empiezan a tomar como serias; tipo “Cuidado con el coco” y le tienes miedo toda tu puta vida, gritas y no ves debajo de la cama porque piensas que te va a agarrar los pies y al final en tu cabeza creaste un monstruo más grande de lo que es.

Me atrevo a decir que lo que estoy haciendo solista es una invitación a mirar debajo de la cama y te estoy poniendo en tela de juicio con todos mis fallos y todas mis estupideces como para “Yo lo hago, todos somos idiotas y hemos llorado por pendejadas”, para ir al nivel de pendejo que ha llorado por una camisa. Entonces eso es mi disco solista ahorita, es mucho más personal. El de La Vida Bohème me atrevo a decir que es mucho más acerca de uno en un grupo social; y yo como solista, es como: que yo estoy dispuesto a admitir este error públicamente y no se preocupen».

Si tu vida fuese una película, ¿quién la dirigiría?

«Puta madre… Mmm… Me gusta Fellini. Siento que mucho de lo que estoy haciendo solista va por ahí. En Fellini, las monjas, los santos, los niños, el paparazzi, el tipo cool, la tipa triste… todos conviven en esta especie de gran cielo que es la tierra y me gusta esa idea de que, en verdad, estamos todos dentro de este meollo y que cada uno es un santo y que cada uno es un demonio a su propia manera. En algún momento de la vida, vas a ser un héroe y vas a ser literalmente un antihéroe, o sea es el tiempo el que va a decir estas cosas y amo que Fellini es muy lindo con esto, muy justo. Fellini no muestra al ladrón como un idiota, muchas veces es un tipo torpe, pero es mucho más noble, más humano. Entonces, sí, Fellini, tiene mejor humor». 

¿Cuáles son tus autores literarios favoritos?

«Coño. Cambia bastante… pa’ ver… ahorita estoy leyendo El barón rampante de Italo Calvino, que me parece que está cool y que está bien lindo, porque trata de un tipo que se separa de la sociedad y se va a los árboles y decide vivir su vida allí y listo, viaja por el mundo a través de los árboles y ahí logra conectarse con la sociedad de nuevo. Me gusta esa idea de que te separas de la sociedad para conectarte con ella.

He estado leyendo mucho Edgar Allan Poe, pero eso es una cosa que siento que para mí es clásica y yo lo amo. Amo su histrionismo, lo bizarro que es, que es tenebroso y chistoso al mismo tiempo. He estado leyéndolo bastante, al igual que a Baudelaire porque he estado escribiendo bastante poesía, terminé también el poemario este año. Entonces también leer para mí es importante, para tratar de reencausar con uno, coño, con la persona que me mostró como la poesía que yo quería hacer de joven.

Capaz… A ver… ¿Quién me queda por ahí? Me leí hace poco uno de Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-Five, que trata de un tipo llamado Billy que de repente ya no está en el tiempo, por alguna razón se despega de él. Puede cerrar los ojos y está en la noche de su boda, lo vuelve a hacer y está en la Segunda Guerra Mundial, siendo joven, repite y está teniendo a su primera hija o, luego, es viejo y picando cosas en su cocina. Billy vive su vida desordenadamente y sin estar pegado al tiempo y así tiene una especie de paz muy grande.

¿Sabes cuál está bueno? Y este es uno para cualquier persona que debería leerlo, Rainer María Rilke que se llama Cartas a un joven poeta, son cartas que él le escribió a un chico que le dijo “Amo lo que haces, yo quiero escribir también, entonces te escribo” y es como “Hola, ¿qué tal? ¿Qué es la literatura?” y Rilke se estuvo escribiendo durante diez años con él y son los pensamientos de él de la vida, del mundo, que son muy lindos. Un tipo muy humano. Ya yo no puedo leer a escritores que no tengan cierto contacto con la humanidad, ese es como mi mantra ahorita. Yo no escribo para llevarte a un meollo mental de “mira, claro, mamá era el perro y el perro es papá del asesino”, me sabe a mierda eso. Literalmente, prefiero saber “El perro se tira peos, ¿huelen mal?, ¿huelen bien? ¿Mamá cocina bien?, ¿cocina mal? ¿Pelearon acerca del turrón de azúcar?”, de esas pequeñas idioteces. Creo que los escritores que se centran en eso, como Cortázar, que también siempre lo ha hecho. Tiene también un cuento de una mosca que vuela al revés. Son cosas que nos estamos perdiendo segundo a segundo y creo que los buenos escritores te hacen verlas como que bueno “hay una mosca que vuela al revés, ¿qué tiene que haber pasado para que eso pasara”, a cualquier persona le vale verga, pero son pocos los que van a decir “coño, ya va, esto es importante, capaz sea la única o no. ¿Hay más? ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son?”, jajaja. Hacen todo esto más divertido, la existencia, creo. Pero sí, esos son los autores de ahorita. Esos son los señores».

¿Top de libros? 

«Mmmmmm… Mira, ¿sabes qué? Últimamente estoy malpegado, capaz sea por estos ejercicios de escritura de los que te he estado comentando de, básicamente, pam, me tomo hongos y me pongo a escribir lo que venga y me vale verga, o… Experiencias muy vivenciales. También, empecé a viajar mucho y a conocer. Y en la carretera, 4:00 a.m. por México, en un pueblo distante, conoces gente… Caminando.

Me he unido mucho a los escritores beats. Pondría en mis cinco de una vez a On The Road de Kerouac, que creo que es un libro bien lindo si necesitas como que salirte de tu zona de confort y empezar a viajar, que yo creo que es una cosa que todo ser humano tiene que empezar a hacer ya. No significa montarte en un avión e ir a Disney y pagarte un paquete, no, sino salir de tu casa y empezar a caminar y no detenerte, listo, ve a dónde llegar, hasta dónde te llegan los pies, si conoces a alguien en el camino. On The Road es uno de esos libros para iniciar eso y creo que es algo importante hoy.

Hay uno que se llama Catch 22 de Joseph Heller, que es un libro de comedia acerca de la guerra. Me parece bien bonito eso. Amo el hecho de que la guerra es un absurdo y que la única manera de que puedes expresarlo bien es relatándolo como algo absurdo. Entonces ese libro está lindo para curarse de partidismos políticos, de visiones propagandísticas. O sea, es uno de esos libros que te pone los pies en la tierra y que te hace ver que nadie tiene decisión acá y que es un gran chiste. Entonces ese lo pongo de cuarto.

De tercero, bueno, Cortázar con El último round que lo hizo con una especie de periódico y ahorita que lo estamos hablando acá, me atrevo a decir que lo último que estoy haciendo es mucho más parecido a este libro con respecto a escritura que a otra cosa, porque lo que hizo él fue tratar de hacer un periódico de su libro. Entonces Último round son dos volúmenes que tienen poesía, tienen imágenes fotográficas que él tomó alteradas, tienen cuentos, tiene una crónica acerca de un match de boxeo en Luna Park… o sea, hay de todo. Es un gran periódico universal. Pero en lugar de contarte cosas como “Bueno, ayer el presidente dijo tal pendejada”, básicamente te cuenta el cuento del asistente del presidente al que se le perdió el papel, entonces es una gran noticia. Me parece que hay mucho de lo que estoy haciendo allí.

De número dos… Mmmm… [Larga pausa] Estoy leyendo ahorita y me está gustando… Pero lo que pasa es que no sé si todavía es el número dos. Lo que pasa es que sí me ha dado duro en el poco tiempo que llevo. El Ulises de James Joyce, que es un coñazo, es una puta coñaza, ¿sabes? Es de esos libros que intentas leer como 35 veces. Pero el otro día leí una frase de ese libro que me dejó muy loco: “vida mía, vida mía, si más pudiera, más a tus pies pondría” y eso me gustó. Además, está escrito en verso, tiene un montón de cosas de La odisea. Siento que es un buen libro si quieres, como que, leer porque tiene tantas referencias y cosas. No puedes pasar una página sin chequear el diccionario como treinta veces, entonces terminas como con un montón… o sea, te lo juro, no voy ni por la mitad y en lo que llevo de eso, ya tengo como cinco autores nuevos, tengo un montón de palabras que no conocía que me están ayudando un montón y, coño, me gusta el hecho de que eso esté tan vivo ahí y que sea un libro de libros.

Y el número uno, me atrevo a decir que Pedro Páramo de Juan Rulfo. Siento que es algo con lo que cualquier latinoamericano puede identificarse. Todos los hombres que están allí son hijos de Pedro Páramo. Comienza con unos tipos que están bajando por el desierto. 

“—No, ¿qué vienes a hacer?

—Vengo a buscar a mi padre.

—Yo también.

—¿Cómo se llama tu papá?

— Pedro Páramo.

—¿Cómo se llama el tuyo?

—Pedro Páramo también”.

Y así se van consiguiendo un montón de hombres sin padre yendo a buscar al mismo tipo por el desierto.

¡A la verga! ¿Puedo poner una mención honorífica? Los detectives salvajes de Roberto Bolaños. Es más, me atrevo a quitar a James Joyce con El Ulises que no lo he terminado y ponerte ahí ese. Es una novela que se convierte en tu mejor amiga desde que la comienzas hasta que la terminas, e invalida a todas las personas que tienes en tu vida porque nadie es tan interesante y nadie es tan peculiar como las personas que están relatadas en ese libro que, además, tengo entendido que existieron mucho. Ese es el relato de Bolaños cuando se fue de Chile: llegó a la ciudad de México, un inmigrante, y ahí le pasaron distintas cosas que se convirtieron como en esta épica de su vida. Buscando con dos amigos más, también inmigrantes a una escritora mexicana de otros años que escribía una poesía hermosísima y todos ellos la están buscando y ella es como una especie de aire, ¿dónde está? No existe nada, ni memorias. Entonces es muy lindo porque de repente te das cuenta de que los héroes están escondidos en algún lado y capaz en una casa ahí se está haciendo, a lo mejor, poesía hoy. Y está fino eso, Los detectives salvajes también es otro libro que te invita a: “Sal de tu casa, mueve ese culo, está un tiempo sin dinero, métete en una situación peligrosa y trata de salir vivo y luego escribe”.

Muchos autores dicen que el arte y la intelectualidad no están unidos porque el segundo asesina al primero, ¿para ti eso es así?

«Yo creo que sí, la verdad, porque el arte tiene que ser una expresión visceral, el arte tiene que venir del sentimiento. A ver, no es que no sean compatibles, lo que pasa es que uno requiere estar al vacío y otro requiere estar vivo. Entonces tú puedes tener una vida intelectual bastante fértil, leer, conocer, saber de qué coño estás hablando, básicamente, sin que eso nutra tu arte. Sin embargo, me parece que lo que lo va a nutrir son los sentimientos. 

Por ejemplo, hace poco me enteré que tenemos 300.000 años viviendo con fuego y eso fue un gran cambio en nuestras vidas porque al final creamos la química. Las cosas cocinadas son distintas a las que no y se crea una reacción química. O sea, inadvertidamente nosotros la creamos cuando prendimos esa primera llama y eso me ha inspirado mucho, me da sentimiento pensar en eso, en que cada vez que prendemos un fuego, sea iniciar una relación con alguien, tratando de crear una conexión o de avivar algo, estás invocando algo que es milenario para nosotros y que cambió nuestras vidas. 

Entonces sí, me parece que tienen razón. De todas formas creo que el arte no puede ser tan intelectual, pero no quita el hecho de que la intelectualidad pueda nutrir sentimientos porque el intelectual está solo, está recluido y ese es el sentimiento de aislamiento que siente cualquier persona que no tiene todas las respuestas y que piensa que leyéndolo o buscándolas, las encontrará cuando capaz están dentro. Esa es una invitación, mas no es una condición del arte».

¿El fuego va a ser una temática frecuente en el nuevo disco de La Vida Bohème?

«Sí, “Fuego en la ciudad” es lo que le estoy escribiendo a mi guitarra en la parte de enfrente».

¿Se puede decir que ya encontraste un hogar? ¿Cómo lo describirías?

«Mira. Esa es una cosa bien rara particularmente conmigo. Yo tengo desde los 17 años migrando. Venezuela siempre ha sido mi raíz, yo siento que ella está aquí, pero mis ramas están en tantos lados que no sé qué decirte. Mi hogar soy yo, de eso estoy seguro, de eso no tengo la menor puta duda. Pero, hogar, hogar, hogar, no creo. Pienso que también hogar es como una situación, capaz esto es uno para ti ahorita, todas estas personas, estos momentos, el lugar donde vas a comer. Tus rutinas de repente se vuelven parte de tu base, dónde te acuestas, piensas y eres tú. 

Yo creo que hogar para mí al ser movimiento es un poquito raro, porque yo me siento en hogar, me siento en mi casa es cuando me estoy moviendo. Entonces capaz esa es como mi paradoja. Yo siempre me he comparado con Ulises de Ítaca porque él triunfa y dice: “Uuhh, mamagüevo. Soy el mejor. Jódete. Jódete, Zeus. Jódete, Poseidón”, y le dicen: “Aahh, así es la vaina, ¿no? Pues vas a vagar, vas a viajar por todos lados y vas a querer regresar y no va a ser posible hasta mucho, mucho tiempo después”. Creo que esa es como mi situación. Yo soy el Ulises criollo pues, jajaja».

¿Lynch, Scorsese, Hitchcock o Cuarón?

«Lynch. 

Hitchcock me encanta. Estaba viendo hace poco una de sus películas viejas, The Lady Vanishes, La mujer que se desaparece, y está cool. Me parece que él es muy perfeccionista, sabe muy bien cómo hacerte sentir emociones y eso lo vacilo. Siento que hay artistas que son muy buenos en eso, en hacer ese efecto, sientes un vacío y de repente vuelve el beat y es como “Aahh, me engañaste, cabrón, no lo veía venir”.

De Cuarón, creo que me tripeo cómo él tiene como su propio universo. Children of Men y me conecté mucho con esa película. Cuarón tiene una visión muy humana, por eso me lo vacilo. Pero Lynch, por encima de todos ellos, como te abre a tu propio universo y te invita a que básicamente tú te autodescubras. A los otros dos los admiro mucho, me parecen bestiales. Pero a mí, Lynch, por ejemplo, me inició en la meditación. Yo no meditaba, no tenía ningún tipo de contacto con… Siento que mucho de lo que escribía venía de lo que sentía, de mi ira, de mis emociones más básicas, entonces era un solo color y desde que empecé a meditar, a ver más de sus películas y a tratar de vivirlas, no tanto entenderlas, me di cuenta de que yo también tenía un jardín de cosas que bueno… Podemos hacer una canción acerca de este alambre y la podemos hacer bellísima, no necesitamos más, solo observar y estar calmado para atraparlo y aterrizarlo. Entonces, por eso Lynch».

Entre todos los países que han visitado fuera de Venezuela y México, ¿cuáles son los shows que recuerdan como los mejores?

«Me gustó mucho el de Santiago de Chile con el que cerramos la gira el año pasado. Nosotros cerramos el tour y hemos estado disco, disco, disco, disco. Allí fue muy lindo, sentí una energía preciosa, fue algo muy especial, la verdad.

En Central Park de Nueva York también tuve una experiencia muy bonita. Había un señor que como que yo veía que, en el público, que estaba como que temblando siempre, que estaba bastante descontrolado y a veces la gente se sacaba de onda y estaban como “Verga, ¿a este tipo qué le pasa? ¿Está drogado? ¿Está algo?” y durante una de las canciones… Yo he tomado la mala costumbre de irme siempre para el público porque es como intentar vivir la vaina ahí, cantar y hacer cosas como para tratar de hacerlos partícipes del rito, jaja, del ritual. Y ese señor, esa vez, se quedó calmado. Le agarré la cara, lo miré a los ojos y literalmente estuvimos como dos minutos, yo cantándole y viéndolo y el tipo tranquilo, quieto. Termina el show y los chicos que trabajan en el escenario… ––porque la ciudad hace eso todos los veranos, el Summer Stage que es que abren los parques de la ciudad para conciertos gratuitos–– y los chicos de la tarima me dicen que el señor tiene una condición neuronal y que es como una especie de espasmos lo que él sufre y que ellos en 10 años no lo habían visto quedarse quieto. Entonces, eso para mí fue muy especial porque fue como ver el poder de la música hace algo. Yo también sentí su energía, por más tonto que suene, y yo también me calmé con él, que es algo raro con una persona que está contínuamente en espasmos. Esos dos conciertos fueron los más especiales para mí».

¿Qué bandas o artistas de la nueva camada de la escena musical venezolana les han gustado?

«Coño. Yo estoy escuchando, jajaja, burda de trap. Me gusta Trainer. Amo lo que hace La Piña, Piña Fresca, jajajaja. Amo muchísimo lo que está haciendo Akapellah. Una de las mayores bendiciones que he tenido esta temporada es básicamente conectar con muchas personas del hip hop que siento que están viendo la vaina a 10.000 kms más adelante pues y lo vacilo. Ha sido una gran experiencia. 

Así gente más experimental, Orestes Gómez, amo lo que hace. Además que hemos tenido la capacidad de conectar allá en México y ha sido una maravilla ver cómo él lee la música. Me gusta lo que hace Ferraz como productor, también.

Muchas de mis influencias ahorita venezolanas son casi todos o productores de hip hop, trap, rap o raperos. La nueva canción de Lil Supa con Akapellah está increíble. Esos son los míos. Me atrevo a decir que mi top tres sería, tal cual, Akapellah, Trainer y Orestes Gómez».

¿Qué sintieron cuando un artista como Nacho los recomendó en la alfombra azul de los Premios Pepsi Music como una de las bandas venezolanas que hay que escuchar?

«Está cabrón porque en verdad aquí bien honestamente, sr. Nacho, o sea, respeto muchísimo, digamos, las dos pelotas que ha tenido que obviamente el gobierno le está poniendo. Sin embargo, coño, no, su música no es algo que yo escuche, pues. Me atrevo a decir que no es que seamos enemigos, pero yo tengo que estar con los piratas, con la gente que está despeinada, yo tengo que hablar de los sentimientos feos. Sí, pongo mis pies en la tierra, por Dios, yo no he logrado ni la mitad de lo que ha hecho Nacho y tampoco espero. Pero pongo los pies en la tierra y, coño, qué fino que conozca nuestra música y que piense eso pues. La verdad es que me siento un poquito como un imbécil, jajajajaja. Pero no te puedo mentir pues. O sea, gracias, gracias por escucharnos y yo siempre digo: “A la verga, a nadie tendría que importarle lo que estamos haciendo”, no hay razón para, tienes una sola vida… Si conectaste con esto, para mí es suficiente. No sé si seamos la banda que tiene que escuchar todo el mundo. Si la escuchan y conectan, bien y si no, también.

Saludos. Esperamos que puedas hacer tus conciertos porque, en verdad, es una mierda, pierde todo el mundo, ¿no? Pierde la gente, los productores, Venezuela porque al final es menos cultura, menos música en el aire y más gente gritando politicanería. Entonces eso no va a ayudar a nadie. Gracias por el halago».

¿Qué bandas de México de la escena actual recomendarías escuchar?

«Bandas así más tipo rock, Porter, que está chévere. Es una agrupación de chamos muy especiales con respecto a que quienes son, no son gente vacía, tienen sentimientos, cabeza, lo hacen desde un lugar bonito del alma y eso yo creo que eso es súper respetable.

Recientemente, participé en un disco, del que estoy súper orgulloso, de una banda llamada Las Cobijas Negras que está conformada por distintos elementos de la escena experimental de hace 20 años de la Ciudad de México. Ellos hicieron un disco en vivo de 40 minutos en una sola toma que es una maravilla, una vaina que no suena a nada que yo haya escuchado. Creo que es mi banda de rock favorita en este momento, honestamente. Las Cobijas Negras tienen más pelotas… El baterista tiene 60 años y el tipo va cantando mientras toca batería. Tú ves a Mariano y él es poeta, él escribe poesía y vaina, no… Una maravilla. Tú dices: “De esto está hecho el rock, ¿no? Esto es lo que es”.

Y bueno, una comadre mía, ella fue tecladista de Natalia Lafourcade, se llama Carmen Ruíz y tenía un proyecto titulado Centauro y ahorita ella está haciendo cosas solista y es una maravilla. Lo que está haciendo Carmen es como “Aahh, Dios mío”. Ella es la músico más talentosa de todo México. Ella toca todo y lo hace bello, canta hermoso, escribe increíble. O sea, yo estoy con ella y es como “Aaahh, Carmen, o sea, si yo solo fuera la mitad de talentoso de lo que eres tú, cabrona, jajajajaja”. Ella es mi top one. Chéquenlo. Es pesado, es para que te rompan el corazón».

¿Qué han aprendido de la industria musical mexicana que ustedes sientan que los músicos venezolanos deban saber?

«Mira. Es un mercado de 90.000.000 de personas y nada más en la Ciudad de México son 30.000.000, que es la cantidad de personas que hay en Caracas, güevón. Está importante entender las dinámicas de muchas personas porque nos vamos a un mundo multitudinario, van a haber más seres humanos que espacio y eso va a ser un problema. Y creo que la Ciudad de México y México en general son grandes aleccionadoras de lo que es eso. Va a haber para todos los gustos, yo creo que eso es súper importante de la escena de México. 

Allí yo transito distintos lados, desde los más experimentales del circuito de arte, los jazzistas que están en clubs tocando todo perfecto, hasta fiestas de electrónica totalmente experimentales donde ves a gente bailando donde no hay un solo ritmo. Incluso, en escenas que son totalmente transgéneros, donde ya el género es la barrera que se tuvo que romper para que existieran. Eso me gusta mucho de México. 

Lo que más he aprendido de ahí es que somos muchos y que por eso no deberíamos intentar venderles a todos lo mismo. Reggaetón ahorita: “Todos lo hacemos y este tipo en específico y nada más vamos a hacer ese” y es como que “NO, o sea, haz lo que te salga de las pelotas que, al final, hay tanto para todos que hay una tribu esperando por esa canción que tú tienes dentro. Yo creo que eso ha sido importante de allí, entender como que “Mira, no trates de encajar en el sistema: crea tu propio parasistema, crea lo que sea que creas que los los valores de tu tribu y empújalos, güevón” y en México eso es bastante chévere. El hecho de que como hay tanto para todos, da chance para que “Bueno, esta es la escena de los que hacemos cumbia electrónica” y hay para lanzar fiestas de eso de aquí a que pase un año, hay discos para que salgan mes a mes, hay remixes durante todo el año también, entonces tú dices “Wow, o sea, contínuamente producir material en el taller” y tratar de no encajar; yo creo que eso es lo que más me ha enseñado México, donde veo que muchas de las personas que llegan tratan de hacer pop, que sea un poquito más encajada y yo, por el otro lado, me he ido por la vía contraria en la que no. También es porque he visitado otros círculos en los que veo que se puede vivir perfectamente bien de hacer algo que ni siquiera suena en radio. Eso es importante aprender aquí en Venezuela de que no tienes por qué ser parte del sistema imperante. Capaz la cosa aquí está, no en escalar el Everest, sino en construir más pueblos en la montaña. Es igual de fuerte la tarea y creo que va a ayudar a que sea más heterogénea la escena, a que haya más para todo el mundo. No tiene que gustarte lo que a este pana sí, nada más porque eso es lo que están escuchando todos tus amigos, eso creo que ha sido la mayor reflexión».

Nos comentaron que estás haciendo una canción con Gerry Weil, ¿qué expectativas deberíamos tener?

«O sea, imagínate, Gerry es el maestro de todos nosotros. La expectativa es que va a ser de la calidad que él ha tenido en toda su trayectoria que es la más elevada y que ve hacia el futuro. La Banda Municipal fue de gran influencia para nosotros, me atrevo a decir que particularmente en la época de Será porque sentíamos que había una gran escena entre los años setenta y ochenta, de gente de vanguardia que intentó unir esa vanguardia con esos sonidos del caribe y al mismo tiempo con los instrumentos del rock, que es tecnología por el simple hecho de que puedes conectarlo a electricidad y que eso hace ruidos distintos a la realidad y los niveles de alteración de los medios eléctricos están increíbles hoy en día. Puedes alterar un sonido hasta un punto en el que es irreconocible.

Entonces, con esta colaboración la meta es hacer algo, que igual que toda su trayectoria, hoy en el 2019, siga mirando al 2119 de la misma manera en la que yo siento que la música que él estaba haciendo en los años setenta, estaba mirando a los 2000. Es un honor, yo con los senseis soy muy respetuoso y él es el más longevo que yo conozco de esa generación aquí en Venezuela. Entonces esperen una locura, una genuinamente trabajada y hermosa».

 

El no atreverse a hacer las cosas por miedo al fracaso y, más horrible aún, el conocer quién es verdaderamente uno, las partes buenas y malas, es algo muy común. Muchas personas pasan toda su vida estáticas sin ningún cambio e intentando ver las cosas de manera plana por eso mismo. Pero Henry D’Arthenay y La Vida Bohème te incitan a todo lo contrario. Tenemos que hacer las cosas y golpearnos para poder decir realmente que vivimos y que conocimos a cientas de personas que nos llenaron de aprendizajes y de otras perspectivas que nos ayudarán a ser cada día una versión mejor de nosotros. Creo que eso es lo que más me quedó de haber pasado un rato escuchando los sonidos de la ciudad caraqueña y cuentos de viaje con café y cigarros.

 

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