Radicado en CDMX desde hace seis años, El Mulu ha construido una sólida trayectoria en México, compartiendo escenario con artistas como Mon Laferte, Carla Morrison, Kany García, Vicentico, Muerdo y Kchiporros, entre otros.
Nacido en Santiago de Chile, se ha posicionado como una de las voces más envolventes de la escena actual, desarrollando un universo emocional que invita a la escucha profunda y al viaje interior. Sus canciones construyen un lenguaje propio entre tradición y presente, explorando la memoria, la fragilidad y los vínculos humanos.
Su primer álbum, Derramar el Tiempo, surge desde la sensación de que el tiempo no siempre alcanza para sanar. A partir de esta idea, el disco propone otra forma de habitar la experiencia: cuando el tiempo deja de ser suficiente, lo que queda es el presente y la manera en que decidimos acompañarnos.
Con la guitarra como eje, el álbum se sostiene sobre arpegios hipnóticos que expanden el lenguaje del folk hacia un sonido contemporáneo. En diálogo con sonoridades de raíz latinoamericana, como ritmos altiplánicos y tonadas, el disco transita entre lo íntimo y lo expansivo, combinando momentos de cercanía con arreglos de banda completa e integrando elementos acústicos, digitales y sampleados.
Producido por Hernán “Coco” Godas y Claudio Rojas, este lanzamiento marcará además el inicio del Derramar el Tiempo Tour.
‘Este disco tomó cuatro años en terminarse’, comenta El Mulu. ‘Nunca pensé que se extendería tanto, pero en ese tiempo atravesé cambios personales muy fuertes: trabajé como vendedor en el centro, terminé una relación larga, estuve sin casa y viví situaciones familiares complejas. Intenté seguir con el disco en paralelo, pero no pude. Tuve que detenerme y aprender a estar presente’.
‘Con el tiempo entendí que este disco es justamente eso: una forma de hacerme cargo de mi presente, de hablar de duelos que muchas veces se viven en silencio. Ha sido muy significativo ver cómo otras personas se identifican con estas canciones. Todos cargamos con pérdidas, y este proyecto se ha vuelto un espacio para acompañarnos’.
‘En un contexto marcado por la violencia, las crisis emocionales y la desconexión, creo que mantenernos cerca unos de otros también es un acto político’, culmina.