Empecé a escuchar rock a mis 14 años. Bien es una exageración, ya habían pasado por mis oídos discos de Caramelos de Cianuro, Hombres G y otros varios que se aparecen en las horas locas de las bodas y fiestas de fin de año, pero fue cuando empecé a escuchar rock por mi cuenta y fue cuando me conseguí a Pink Floyd.

Repasando la historia de la música es indiscutible el lugar de la banda en la evolución del rock, son varios discos que marcan un antes y un después en el género y en la vida de millones de fanáticos, pero parece que Roger Waters no los comprendió, a pesar de haberlos compuesto.

Quizás debo repasar, durante el período en que la banda estuvo más influenciada por la composición del afamado bajista y vocalista fue también su momento más político. Los cinco discos donde él tomó la batuta ‘The Dark Side Of The Moon’ (1973), ‘Wish You Were Here’ (1975) y sobre todo ‘Animals’ (1977), ‘The Wall’ (1979) y el descartable ‘The Final Cut’ (1982), sirvieron para que la banda plasmara su visión rebelde del mundo, para cantar contra el poder y también para hablar de cómo la soledad y la depresión puede terminar siendo una excusa para herir.

Cuatro de esos cinco discos son brillantes, ‘The Final Cut’ tiene sus momentos pero no consigue brillar del todo al no estar la mayoría de la banda convencida de seguir esta senda, más un disco solista de Waters que otra cosa. Su análisis del mundo, su deseo de  cambio, su manera de hablar de cómo la soledad nos consume, son perfectos para su tiempo y piezas importantes para mi adolescencia.

De allí la absoluta decepción cuando Roger Waters decidió hablar en sus redes a favor del gobierno de Maduro. No tiene sentido hablar aquí a medias, menos aún viviendo en Venezuela: Maduro es uno de los peores dictadores que ha tenido el continente y su paso por el poder ha sido una catástrofe humanitaria de magnitudes aún incalculables. Waters está apoyando en su “ignorancia” un atrocidad del mismo tamaño de muchas de las que ha atacado antes.

Es fácil saber de dónde viene. Waters siempre ha tenido posiciones de izquierda, no es una novedad. Varias de ellas son válidas, sus ataques al machismo de Bolsonaro, su búsqueda vocal de la igualdad social, su ataque a la pared de Trump. Todos ellos vienen del deseo honesto de un mundo más justo, quizás de esa mezcla de ideas salga su apoyo al gobierno de Venezuela: Si Trump y Bolsonaro lo enfrentan, debe tener algo bueno.

Esto sin embargo no es una excusa, Ruben Blades, uno de los artistas con mayor peso en el continente, ha sabido reconocer la dictadura venezolana como lo que es y ha sabido entender lo que pasa en el país. El mismo Roger supo entender la importancia de la desaparición de la Unión Soviética y celebrar la caída del muro de Berlín, pero hoy sus propias causas parecen opacar otras y ese nunca fue realmente el punto de Pink Floyd cuando demostraban su lado político.

Pero es en dos momentos particulares donde la banda pone su energía detrás de sus posiciones políticas ‘Animals’ y ‘The Wall’. El primero toma la idea de una sociedad de animales que usó George Orwell en su “Rebelión en la granja” para atacar el capitalismo de Thatcher, y su sistema de clases sociales tan separadas. A pesar de lo específico del disco para mi fue una de mis primeras experiencias con la idea de que la música podía cantarle verdades al poder.

‘The Wall’ es más sutil, al menos tan sutil como puede ser una ópera rock, el argumento va de una estrella de rock que por sus experiencias de vida y sus traumas termina aislándose de sus amigos, familia y seres queridos, construyendo la metafórica pared. Su aislamiento le impide ver el daño que le hace a otros y termina haciéndole formar un gobierno totalitario (quizás no es tan sutil).

Lo llamativo de escuchar ese disco en perspectiva es lo cercano que parece estar al verdadero Waters. Una y otra vez desde su lanzamiento podemos verlo aislándose en sus posiciones que con los años se han vuelto más radicales, e incluso siendo incapaz de ver las situaciones ajenas.

En 2017 otra icónica banda inglesa, y quizás los herederos más obvios del estilo Pink Floyd: Radiohead decidió dar un concierto en Israel. Waters fue uno de los críticos más duros de la banda por esta decisión que rompe con la campaña BDS (Boycot, desinversión y sanciones) liderada por él. Durante los meses previos al concierto el ex líder de Pink Floyd llegó a referirse a Thom Yorke como “un pequeño quejón”  que “vive aislándose del mundo”. La respuesta de Yorke fue bastante clara: “Se lo que está pasando, y puedo tomar mis propias decisiones al respecto, que figuras como él asuman que pueden lanzar palabras como Apartheid y esperar que eso alcance como argumento”.

Las pelea entre ambos músicos puso a la luz el lado más infantil de Waters, que no intentó nunca escuchar otro punto de vista sino se dedicó a insultar a Yorke y luego a Michael Stipe, vocalista de R.E.M., quien se puso del lado de Radiohead. Con la misma falta de visión Waters ataco la labor humanitaria de los cascos blancos de Siria en s u concierto en Barcelona. Uno puede imaginarse que esa actitud contribuyo en su momento a la salida de Waters de Pink Floyd y que incluyó su demanda al resto de la banda por los derechos de ‘The Wall’. Las decisiones de Waters recuerdan justamente al protagonista de su obra maestra.

Durante los últimos años las posiciones de Waters cada vez se ven más encerradas en viejas convicciones y cada vez está menos dispuesto a ver el mundo con los ojos de otros. De nuevo esta semana insultó a Richard Branson por su apoyo a la oposición venezolana y se dedicó a infantilizar a Peter Gabriel por su participación. Desde hace años él está construyendo su propia pared, escondiendose detras de sus traumas con Thatcher y la segunda guerra mundial para justificar posiciones que tienen más que ver con la guerra fría que con la actualidad, Venezuela solo es el caso más reciente.

Con los años Waters terminó volviéndose el protagonista de su disco, y como él lo predijo, aislarse de la realidad termina por hacerle daño a otros. En su disco ‘Pink’ termina atacando minorías raciales y sexuales. Roger por su lado prefiere que algunos mueran de hambre antes de aceptar que puede equivocarse. Al final el bajista nunca entendió su propio disco y se escondió tras su propio muro, detrás del cual no puede ver el daño que nos hace.

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