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Si una canción originalmente sirve de catársis al que la escribe y que después tiene la osadía de tocarla, le pasa lo que a toda canción: una vez que alguien la escucha, se la apropia y ya no te pertenece.” – Claudio Sánchez, compositor, vocalista y guitarrista de Limpiacabezales

¿Cuándo nació la primerísima idea o germen de Oficina #2?

La idea original de la canción era como un rollo Daniel Johnston.

Para mí además tenía algo de Sui Generis. De hecho, en el demo original al final suena en backwards “Canción para mi muerte”. Ese demo lo grabé con el hueco de la laptop, el audition y la guitarra acústica y por alguna razón, siempre la imaginé como en el demo, muy acústica. Quizá no la veía como está plasmada en el disco, pero ya esa es otra historia.

¿Dónde estabas cuando la compusiste?

Esto es muy curioso y a lo mejor torpedea cualquier expectativa sobre la canción, pero ese tema lo compuse en la sala de mi casa. Vivo en una casa pequeña en una urbanización que queda a las afueras de Barquisimeto.

Ahí es donde trabajo, donde vivo, donde respondo. Así que se puede decir que la escribí desde mi claustro.

¿Cuándo la compusiste?

La hice algún tiempo ya después de haberme retirado de lo que era el circuito de agencias publicitarias de Barquisimeto. Y como todo publicista pasas un gran tiempo chupando café y oliendo papel, estresado en una oficina para los demás, y me parecía un tema universal.  

Sufrí una eyección traumática, por decirlo así, del ámbito de agencias. Pero me ayudó a darme cuenta de que debía estar fuera de todo eso y usé bastante de esa experiencia para escribirla.

¿Qué te estaba pasando?

Estaba en un momento de esos densos de mucho trabajo en casa y me vi a mi mismo en las dos situaciones: en la oficina, harto; y en mi casa: hastiado, full de chamba.

La canción habla obviamente sobre el ambiente típico de una oficina, desde ir a buscar las golosinas, del café. Y habla sobre no dejar que esa dinámica te absorba o te coma vivo. Nuestra juventud y nuestra vida no lo vale.

O sea que ésa sala también fue tu cárcel…

Yo creo que sí. En ese momento sí cambié la oficina por la sala. Cárceles distintas por supuesto…

Pero sería burda de raro hacer una canción sobre trabajar en tu sala, ¿no? (risas)

¿Con qué instrumento la compusiste?

La hice en una guitarra Epiphone de donde salen casi todas las canciones. La mandé a pedir porque era de 99 dólares. Se ha puesto vieja con el tiempo, pero la madera se ha secado y vibra mejor con los años que lleva encima.

Radiografía de una canción. Cúsica Plus

Radiografía de una canción. Limpiacabezales. Cúsica Plus

¿Cuál fue la primera frase que escribiste?

Lo primero fue lo del café. Creo que el café siempre ha sido el pivote en todo trabajo de oficina.  Y pedirse el café o servírselo es como:

“Ya vengo, voy a tragar un poco de agua amarga con azúcar para aguantar esta pela.” (risas)

Tomar café en una oficina es como iniciar el ritual de estar en esa dulce y glamorosa esclavitud. Aunque claro, nadie que trabaje en lo que le apasiona puede llamarlo esclavitud.

De lo que no estaba nunca seguro era de poner la palabra wáter, porque poceta no cabe mucho. Además que habría sido un pelo desagradable. De hecho al principio, no muchos entendían que decía “lo mejor de tu vida, directo al wáter” sino más bien “lo mejor de tu vida, directo al Guaire”.

¿Cómo diste con la melodía? ¿Salió igual de fácil que la letra?

Yo leí por ahí que le llaman “la prueba de la mesa de la cocina”. Si tú no puedes tocar eso sentado en la mesa de la cocina solo con la guitarra acústica, pues, la canción probablemente no esté ahí.

Pero sí, en principio nació como una canción para mi ya que en el momento no había calado tal cual como está en el demo en Limpiacabezales. Sin embargo, las melodías y las voces mejoraron mucho cuando se presentó a la banda y ahí agarró un tono muy distinto.

Tiene otra intención, otros silencios, otros matices. En el coro por ejemplo, no toco con pajuela sino con el pulgar, esto matiza los agudos. Ese tipo de detalles le dieron una complejidad que no estaba al principio.

¿Y el título?

El título me lo fusilé sin querer del libro de Miguel Otero Silva, “Oficina #1” que siempre estuvo en mi casa.

Es como cuando te fusilas algo sin intención pero que de todas maneras resulta en un accidente feliz. Así, la canción Oficina #2 completaba una serie de accidentes alegres.

Si tuvieses que elegir un momento en el que las personas deban escuchar esta canción, como el soundtrack de una peli, ¿qué momento sería ése?

Es un buen soundtrack de resaca, diría yo.

No creo que sea para gente muy menor. Las personas que conectan con ella suelen ser personas que están en su etapa pre-adulto contemporáneo o ya son adultos funcionales, y sólo ellos entienden algo de ese arrastre que les causa un entorno laboral tóxico.

Siendo así, si la canción ayuda que otros consigan fortaleza o valentía: mucha suerte.

Háblame de las reacciones del público…

Hay gente que ha llegado a decirme que renunció por motivo de esa canción, así que no me hago responsable de una oleada de renuncias por una canción que en verdad fue hecha en un ambiente ficticio. Sería injusto que la gente renuncie a su trabajo bien estable y bien confortable por una canción que hizo un tipo en la sala de su casa que habla de una oficina (risas).

Sin embargo, también me han dicho que están mejor, lo cual es bueno. Quizá la canción los ayudó a pensar en algo distinto.

Pero al mismo tiempo sé que puede causar incomodidad y esa casualmente fue una de las metas de todo el disco: que la gente tuviera un poco de introspección. Lo cual para mi es una victoria, aunque la gente no lo sepa.

Si pudieses cambiarle algo, ¿lo harías?

No. Está como tiene que estar.

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