Me gusta ver el cine de Nicolas Winding Refn como una perfecta obra de arte en la que no quisiera vivir, salvo en ‘Drive’, que ahí sí se consigue Harina Pan. Con ‘The Neon Demon’, el talentoso realizador danés entrega una de las películas más impactantes del año, pese a sus usuales, con su distintivo trabajo de fotografía, manejo de actores, del argumento y del suspenso, y la perfecta elección de la banda sonora. Es de esas experiencias audiovisuales tan placenteras de ver, que le hacen cariños a tus retinas mientras que te retuercen los sesos a punta de locura.

Desde que su firma aparece en los créditos sobre un colorido fondo de escarcha y nos adentra en un plano de Elle Fanning ensangrentada sobre un sofá, adelanta la filigrana a la que nos enfrentaremos durante la próximas dos horas en clave de thriller de perfecta factura, muy a lo ‘Black Swan’ pero en otro ámbito.

Para el crafting sonoro, el director de trabajos como la trilogía ‘Pusher’ (1996, 2004 y 2005), ‘Bronson’ (2008) o ‘Valhalla Rising’ (2009) volvió a confiar en los sintetizadores de Cliff Martínez, otrora baterista de los Red Hot Chili Peppers, con quien ya había trabajado en sus dos filmes anteriores a este, ‘Drive’ (2011) y ‘Only God Forgives’ (2013). Martínez también cumple funciones de compositor de cabecera para los inventos de otro genio como Steven Soderbergh, siendo sus scores para las cintas ‘Traffic’ (2000) y ‘Sex, Lies and Videotape’ (1989) y para la serie ‘The Knick’ sus trabajos más recordados con Soderbergh.

El acompañamiento musical de Martínez a la obra de Winding Refn es uno de los pilares sobre los que se mantiene el largometraje. Casualmente, coincide en estilo con la impecable música incidental de ‘Stranger Things’ hecha por el dúo SURVIVE, pues comparten su máxima inspiración: el sonido de los sintetizadores de los ochenta.

 

Desde sus primeras notas, aporta la tensión necesaria para mantener el suspenso y ya para el WTF? del clímax de la película, estás lo suficientemente dentro de lo que está ocurriendo que se te retuerce la espalda. Este score logra envolverte y trasladarte el mundo retorcido y superficial en el que transcurren las acciones, llegando al punto de que la música rompe la barrera diegética y fácilmente podría parte de lo que ocurre, como el sonido de cualquier electrodoméstico que te asusta de madrugada. Después de todo, no necesariamente es en la Los Angeles real que ocurre esto, aunque es una perfecta metáfora del feroz y competitivo mundo del modelaje en la ciudad más importante de la industria del cine.

Por si fuera poco, se suman a la fiesta Julian Winding, la distorsión de Sweet Tempest y la experiencia de Sia, siendo esta última la que da un perfecto final al largometraje acompañando a la despampanante escena de créditos. De una, candidata al Oscar, una de las posibles pocas categorías en las que pudiera abrirse espacio esta cinta dado el peso de la cantante australiana en la industria musical.

A lo largo de los 20 tracks, Martínez destila la quintaesencia del horror entre ambientes tensos y disonancias que diría que te harán saltar del asiento cuando la veas, previa visita a los caminos verdes, pues si en la Academia no hay lugar para el cine de auteur a lo NWR, difícilmente lo habrá en nuestro país.

Tanto la película como el soberbio soundtrack pasan sin chistar a la lista de lo mejor del año, pues están tan bien entramados que funcionan tan bien por separado como juntos. Brindemos porque Cliff Martinez y Nicolas Winding Refn sigan manteniendo su simbiótica relación artística y porque estas líneas te hagan buscar la película, al menos por cultura general. Ah, y por YouTube que te tiene el álbum de la banda sonora completico:

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