En 2001 los integrantes de Red Hot Chili Peppers estaban quizás en el lugar más cómodo en el que han estado en su carrera. Después del lanzamiento de Californication, la banda se veía en el pedestal de la cultura pop. Cada uno de los sencillos del disco se transformaron en hits casi de inmediato. La banda por primera vez tenía la libertad creativa para hacer lo que quisieran sin  tener que lidiar con alguna adicción que ahogara su trabajo. En esas circunstancias la banda entró al estudio, acompañados una vez más de Rick Rubin, quien ha sido productor de todos sus discos desde Blood Sugar Sex Magic), y con más seguridad que nunca. Sin embargo, el grupo no quería reinventar su sonido, sino perfeccionarlo, dejando el liderazgo de la composición al guitarrista John Frusciante, que se encargó de componer las melodías vocales, las líneas de guitarra, y en algunos casos, las de bajo. 

El resultado es un disco que consigue el puente entre las melodías de Californication y el rap rock desbocado de discos como Mother’s Milk y Blood Sugar Sex Magic. Se puede notar esa combinación desde el tema homónimo que abre el disco, que empieza con la voz de Anthony Kiedis sobre una suave línea de guitarra, antes de explotar en unos versos que se apoyan sobre el bajo de Flea y la Batería de Chad Smith para crear una especie de caos controlado. 

En otros momentos el grupo deja que las melodías de voces guíen las canciones, como en las favoritas de los fans Zephyr Song y la entrañable Universally Speaking otras se entregan del todo al funk, como en la explosiva, Can’t Stop. Pero a pesar de tener dos vertientes de sonido marcadas, lo cierto es que ninguna del disco se siente fuera de lugar. Incluso, experimentos como Cabrón funcionan en el contexto del disco.

Pero aquí hay que parar y hablar de Rick Rubin. El legendario productor quizás tenga un currículo lleno de leyendas, pero su trabajo más emblemático bien debe ser con los Peppers. Desde que ayudó a la banda en la transición de artistas independientes a las grandes disqueras, siempre ha estado presente, sea para darle orden a las cuerdas de Dave Navarro en One Hot Minute (un disco apartado en la historia de la banda) o bien para descubrir nuevos sonidos en discos como el ya mencionado Californication. Con Rubin la banda siempre se ha sentido cómoda y han grabado una seguidilla de clásicos envidiables para cualquier colaboración de productor y artista. 

By the way sirve entonces como una culminación de muchos procesos del grupo. De su colaboración con Rubin, del papel de Frusciante en la banda (si bien cuando ha dejado el grupo los Peppers siempre han contado con reemplazos talentosos, lo cierto es que su creatividad va a la velocidad que decida su guitarrista), la aceptación de su lado más melódico y de los procesos para fusionarlos con su lado más funk. Es también la graduación de Keidis como letrista, si bien el crecimiento era evidente desde su álbum anterior, por ejemplo, en Scar Tissue, en casi todas las canciones de este disco intenta hablar de temas muy personales, e incluso en los temas más caóticos parece hablar de sus experiencias, sobre todo en las dos canciones sobre su batalla por mantenerse sobrio tras dejar las drogas This is the place y Don’t Forget Me.

Pero no todo fue fácil para la banda. El peso del guitarrista en la composición hizo que Flea se sintiera apartado del grupo y que sentir que sus ideas no eran escuchadas, al punto de en algún momento pensar en dejar la banda. A pesar de eso, las líneas de bajo de temas como Can’t Stop y By The Way  son de sus mejores trabajos, y canciones como Throw Away Yout Television y el cierre del disco en Venice Queen, son piezas menos llamativas en las que, sin embargo, puede brillar.

No es casual que este sea el disco en el que Frusciante tome más protagonismo y que sea de los mejores discos del grupo. By the Way sería seguido por Stadium Arcadium, un disco doble con grandes canciones que sufre de tener quizás demasiado relleno y en el que se siente que el guitarrista, quien ya se había salido durante la gira promocional de Blood Sugar Sex Magic, tiene la cabeza en otros proyectos. Finalmente volvería a abandonar el grupo dejando a su protegido Josh Klinghoffer a cargo de las seis cuerdas. Su reciente retorno al grupo, y una seguidilla de buenos sencillos, sirven como buen augurio para el futuro del grupo. 

En cualquier caso, sin importar el futuro, By The Way sirve de testigo musical del periodo más exitoso de la banda. Un punto de equilibrio musical en un grupo con un sonido irrepetible en el rock n roll y una puerta de acceso aún vigente en la discografía de la banda. 

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