
Foto: Prensa
«nila» publicó Acto IV, el EP que completa la tetralogía Formas, una obra concebida como un viaje elemental donde cada capítulo representa una fuerza esencial de la existencia.
Primero fue el fuego. Después el agua. Más tarde el aire. Ahora llega la tierra: el lugar al que siempre se vuelve después de atravesar la tormenta.
Pero Acto IV no es simplemente un nuevo lanzamiento. Es el cierre de una búsqueda artística que lleva años escribiéndose en silencio. Un rompecabezas cuyos fragmentos fueron apareciendo poco a poco hasta completar la imagen final de Formas, el primer gran universo conceptual de «nila».
Las cuatro canciones que integran el EP funcionan como una especie de arqueología emocional. Cada una pertenece a distintos momentos creativos de la artista: Dormida en el tal vez nació en 2013; Timbre! en 2016; Punto en 2022; mientras que Formas representa una creación más reciente. Juntas construyen una línea temporal que revela cómo las canciones pueden sobrevivir a los años, cambiar de piel y encontrar finalmente el lugar que estaban destinadas a ocupar.
El centro espiritual de la obra aparece en Punto, la canción que cierra tanto el EP como todo el recorrido de Formas. Allí emerge una de las ideas fundacionales del proyecto «nila»: la inspiración tomada de la artista japonesa Yayoi Kusama y su célebre reflexión sobre la existencia como una suma infinita de puntos.
A partir de esa imagen nace la papahuata, símbolo identitario de «nila»: una representación de aquello que parece pequeño e insignificante, pero que al mismo tiempo resulta único, irrepetible y esencial. Somos apenas un punto más dentro de un universo inmenso. Sin embargo, ninguno ocupa exactamente el mismo lugar.
Musicalmente, Acto IV reúne sensibilidades diversas que enriquecen el paisaje sonoro de la obra. Participan Abigail González en violín y voces, Delfina Sancho en coros, Juanchi Bisio —de La Chancha Muda— en guitarras acústicas y slide guitar, Pehuén Innocenti en Hammond y Franco Durante aportando guitarras en Punto.
Después de cuatro elementos, cuatro actos y más de una década de canciones acumulando significado, «nila» llega a una conclusión que parece tan simple como poderosa: el arte no existe para ofrecer respuestas definitivas, sino para acompañar el recorrido.
Y toda travesía, por extensa que sea, necesita un lugar donde descansar. Para «nila», ese lugar es la tierra.
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