¡Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos! Así amanecimos. Hay que afrontarlo. Parece una pesadilla, un mal sueño anunciado, la debacle de nuestras esperanzas. Toda la lista de artistas y agrupaciones que se encargaron de criticar y sabotearle la campaña a Trump ¿falló?

Desde Beyoncé, su esposo Jay-Z, la misma Katy Perry, Adele, Eminem, la campaña que se hizo previa a las elecciones: 30 Days 30 Songs en la que artistas como R.E.M, Death Cab For Cutie, Pusha T, Swet Shop Boys, Yung Blu, Cold War Kids, Lila Downs, Franz Ferdinand, Jim James, Aimee Mann, Moby, Jimmy Eat World, entre otros, se dedicaron a lanzar canciones y en contra del, hasta hace unos días candidato, no parece haber funcionado.

Entonces me dirán: «No hay rockeros fuertes ahí quienes suelen alzar su voz con mayor potencia«. Me viene a la cabeza nombres grandes como los mismos The Rolling Stones, Aerosmith, U2, Neil Young, quienes no sólo criticaron a Trump abiertamente en sus shows o en entrevistas, sino que hasta entablaron polémicas por el uso de sus canciones en la campaña del ahora presidente electo (practiquemos). Se formó la banda Prophets of Rage con miembros de Rage Against The Machine, Public Enemy y Cypress Hill para dar la batalla política con su música y arte ¡Donald, temblad!

Todos coincidían en el lenguaje soez del republicano, su xenofobia, sexismo, racismo y toda esa suerte de acusaciones donde se satanizaba al magnate. De hecho en la mañana del día de las elecciones el mismo Marilyn Manson lanzaba un pequeño clip como adelanto de su nuevo álbum, donde en cierta medida, dibujaba un escenario apocalíptico con un hombre en traje, sangrientamente decapitado, parecido a Trump y que el cantante dejaba a su libre interpretación: «Tu dices Dios / Yo digo Satanás«.

Quizás el corto que mostró Manson quiera dejar claro los motivos por los que una mayoría de votantes eligió a Donald. «Se trata de actos desesperados por gente que cree en algo predicado por un incrédulo«, le dijo el compositor al The Daily Beast. «Ahora mismo estamos en un estado de confusión cuando se trata de religión, política, sexualidad y cómo todos se unen, se está convirtiendo en un circo y un espectáculo. Eso es algo que he descrito como cabecilla. Me parece el momento para mí, como artista y como estadounidense, de hacer algo que haga surgir un nuevo conjunto de preguntas que no sean simplemente declaraciones«.

¿Qué pasó con todas estas críticas? ¿A dónde fue el poder de la música que quiso concientizar a sus fanáticos? Trump parecía acorralado ante la pelea artística, esos a quienes los Estados Unidos les ha dado un gran poder como celebridades, donde Ozzy Osbourne hizo un reality show, el hip hop  se volvió una industria vigorosa, en la que Lady Gaga absorbe a minorías para hacer sentir su magnificencia, la misma sociedad americana que aplaude a Pitbull junto con Sofia Vergara cantando «El Taxi» en el cierre de los Grammy Awards; el país de la igualdad que se conmociona cuando Will Smith boicotea los Oscars porque les acusa de no incluir a personas de color en las nominaciones pero su host fue Chris Rock.

La comunidad latina que hace vida en los Estados Unidos se desveló durante la batalla entre Donald y Hilary, amaneció consternada, desolada. Ese llamado de conciencia que La Santa Cecilia, Enrique Bunbury, El Tri, Shakira, Carlos Santana, Wisin, Pitbull, Thalía, Molotov, La Maldita Vecindad, entre una larga lista de compositores latinos que evidentemente iban en contra del nuevo presidente electo, no tuvo el efecto esperado. No incluyo artistas venezolanos porque al final de cuentas los pocos que han intentado alzar su voz contra Maduro, tampoco han tenido éxito, así que no hay musa para atacar a políticos del imperio.

El efecto de la música y su mensaje no funcionó. Donald Trump, el verdadero Mr. Dangerous como diría un tristemente célebre ex mandatario venezolano, en contra de la comunidad artística como adversarios, al final se alzó con la presidencia. El Rock no pudo contra el magnate, tampoco el hip hop, mucho menos el pop, ni el country, menos el alter latin music. Ahora lo que impera es el miedo y la incomprensión. Vienen momentos de hacer análisis más sensatos. Los que se han ido a Estados Unidos en busca de una mejor vida ahora se lo cuestionan. Los venezolanos residenciados allá les llega un tufo podrido, un dantesco recuerdo del ascenso de Chávez a sus vidas, la razón por la que huyeron… ahora esto.

La especulación también forma parte de la incertidumbre mañanera de un triunfo preocupante. No sé si dentro de la perplejidad colectiva y casi delirando en el mar de la impotencia, se me ocurre fantasear que Justin Beiber habría sido nuestro salvador y se hubiese propuesto a putearle la campaña a Trump. Capaz la misoginia gringa junto con el  patriotismo redneck/hillbilly de los últimos hombres blancos molestos y hasta el desinterés millennial, desembocó en este apocalíptico resultado.

En todo caso, antes de volver a los análisis profesionales en materia política que inundarán el día de hoy este tema, me pregunto ¿En qué falló la música aquí?

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