Aún es bastante fácil para mi ubicar cuando escuche por primera vez una de las canciones de ‘Será’, el segundo y complicado disco de La Vida Bohème. Fue una tarde ociosa en la UCV un amigo, que conocía mi amor por la banda, consiguió un poco antes del lanzamiento  el tema un mp3 de “Viernes negro”.

La reacción fue un poco de shock, saliendo de los tonos de punk que desarrollaron en su primer disco y lanzando un tema en base de calipso el grupo mostraba los primeros pasos de la reinvención que marcaría ese segundo disco. El álbum cumpliría con esas expectativas incluyendo sonidos de joropo, merengue y el ya mencionado calipso al mismo tiempo que sumarían aún más sonidos electrónicos a su estilo.


El cambio no fue apreciado por todo el mundo. No es complicado escuchar comentarios sobre lo diferente que fue el disco, sobre cómo fue para muchos un trabajo más distante, en particular después de la conexión que creó su explosivo debut de 2010 ‘Nuestra’.

Volviendo al disco luego de estos años es fácil entender por qué, ‘Será’ es una criatura extraña dentro de la corta discografía  de la banda caraqueña. El disco no tiene ni la caótica energía de su debut, ni la melancolía en clave electrónica de su más reciente disco ‘La lucha’. Sin embargo es el disco que le da a la banda su primer Grammy y el que usan como bandera cuando se mudan a México en primera instancia, es el disco que destapa un lado mucho más melancólico de Henry D’ Arthenay como compositor y además sirve como una pieza importante en la evolución del rock nacional.


Es probable que deba explicar eso, pero el disco permite a la banda jugar con dos elementos clave sumandolo a sus sonidos de punk: Electrónica y folclore. Desde el principio se puede ver la combinación con el electro punk de “Cementerio del este” y su paso a la tristeza de la mandolina en “Cementerio del sur” que sirven como introducción bailable y política dell disco.

Desde allí las canciones del disco parecen venir en pares. “Hornos de cal” y “La bestia” son temas que utilizan los instrumentos orgánicos junto a la electrónica para crear el ambiente nostalgia que termina sirviendo como base del disco. El caos de “La sangre y el eco”  y la ya mencionada “Viernes negro” destapan el lado electrónico del disco antes del interludio “Helena” donde la banda retoma el riff de guitarra de “Hornos de cal” dejándonos ver una pieza más del rompecabezas del disco. La banda usa la repetición para subrayar esa sensación de nostalgia que marca todo el disco.


“La piel del mal” es otro tema con una alta dosis de electrónica en este caso hablando de la inseguridad de la capital y las dificultades para intentar actuar según nuestros principios en nuestra situación, de allí el refrán “¿Como ser quién debes ser?” que cierra la canción. El joropo rockero de “Angelitos negros” le da nueva vida al clásico poema de Andrés Eloy Blanco usandolo para analizar las diferencias en los problemas que enfrentan las diferentes clases sociales venezolanas.

“Antes era mejor” es una pieza bailable donde la banda parece enfrentar su propia evolución, aunque irónicamente es la que mejor captura el sonido dance punk de su primer lanzamiento. “Aún” por su lado es una balada que captura a la perfección el cansancio de enfrentar a diario un país como el nuestro.

Una mezcla de ironía y esperanza sirve como base para la caótica “El futuro funciona” construida sobre un beat de punk y la repetición constante del título y que sirve para abrir la puerta al collage sonoro que en tres temas cierra el disco.

La nostalgia y la esperanza juntas cierran el disco. “El mito del progreso” es una combinación de sonidos tomados de la cultura pop venezolana que parecen servir para marcar el paso del tiempo y de allí saltan a “La vida mejor” un tema con influencias de merengue que gira alrededor de la simple pregunta “¿Cómo va a ser la vida mejor?” y que salta de inmediato a la poderosa “Ariadna” donde una despedida se convierte en un tratado sobre el país y la esperanza.


Si ‘Nuestra’ sirve como una declaración de principios ‘Será’ es la consolidación de los mismos. Es la banda gritando a todo pulmón que no van a hacer lo que esperabas, sino a decir lo que ellos necesitan decir. Es Henry D’Arthenay entendiendo el papel de frontman y poeta que sus  fans le dieron y aprovechándolo, es también una de las últimas veces en que esa generación de rock venezolano se sintió realmente peligrosa como si la banda de verdad pudiese llamar a una revolución.

En su siguiente disco, ‘La lucha’ del 2017, el grupo guardaría algunas pizcas de esperanza pero es complicado no sentir que ellos como todos han bajado un poco los brazos. De allí que sea tan útil volver a este disco en su aniversario, Henry, Boli, Daniel y Sebas aún pueden inyectar optimismo a base de nostalgia aún en un momento oscuro. Cinco años después el disco es un recordatorio en clave de rock que a veces esperar por la esperanza es suficiente.

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