El mundo de hoy en día le ofrece al artista múltiples plataformas para presentarse, gran cantidad de herramientas para desarrollarse y muchos caminos para consolidarse. El músico en esta época puede vivir a través de las redes sociales o puede, como los chicos de Gorillaz, usar la tecnología para crearse una personalidad.

Por otro lado, el músico en estos tiempos tiene canales como youtube para hacerse conocer y también tiene medios como el livestream para conectarse y crear vínculo con los seguidores y admiradores. Hoy en día, la mayoría de los músicos, incluso aquellos más tradicionalistas, han tenido que adaptarse al nuevo mundo digital tratando de aprovechar al máximo todas sus ventajas.

Por eso, en un mundo cultural tan permeado por la tecnología mediática, cabe realizarse una pregunta tan básica como compleja: ¿En qué momento el músico alcanza todo su esplendor artístico?

Ya se ha comentado como los artistas de este milenio han tenido que aprender a convivir con el nuevo mundo virtual. Incluso algunos artistas, la mayoría de ellos milenials, solo saben ser artistas es a través del entramado digital, ya que no conocen otros terrenos ni se han preocupado en conocerlos. Pero, artísticamente hablando, ¿le provee este mundo digital a los músicos la realización verdadera?

Como amante de la música y como humilde cantautor, puedo decir que no. Facebook, Twitter, Instagram, el livestream, los ipods, Itunes, Spotify, Youtube y todos esos frutos del gran árbol que es Internet sirven al músico para difundirse, promocionarse, mostrarse e incluso perfeccionarse, pero jamás lo elevará al nivel artístico y espiritual que lo hace presentar su trabajo en vivo.

Solo cuando el joven que hace música presenta su proyecto ante un público, sean sus seguidores o no, es que se vuelve verdaderamente músico y por lo tanto, artista. Solo cuando el músico se monta sobre el escenario, sea un estadio o una calle, y toca sus piezas, dejando a su corazón cantar y permitiendo que su obra se conecte directamente con la tierra y los oyentes, es que el artista alcanza el supremo orgasmo intelectual. Solo allí nace la verdadera magia.

 

Ante todo, se debe recordar que el músico es un artesano que no moldea arcilla sino ideas. Por lo tanto, no le basta con vender el disco en una plaza, sino que necesita, para mostrar bien su trabajo, acompañarlo con su cuerpo, su expresión y sus sentimientos. La canción, como un jarrón de cerámica, tiene mucho de su creador. Pero a diferencia del jarrón que se muestra por sí solo, la canción necesita de su padre para estar completa.

Por otro lado, la canción, como el collar de piedras, también es un acto comunicativo. Sin embargo, el collar es palpable y tangible, por lo que basta con mostrarlo para comunicar lo que el collar pretende comunicar. Sin embargo, la canción no es una prenda sino que es un mensaje y como buen mensaje, para estar completa necesita tanto del emisor (el cantante) como del receptor (el público). Por lo tanto, la canción solo estará completa con un público y el cantante solo estará feliz con la canción completa.

Así, cuando el músico presenta, con sus propias manos y su propio cuerpo, la pieza ante un público activo es que todo el acto artístico se completa y el músico alcanza la luz de la realización.

Este mundo liderado por la tecnología puede ser difícil de comprender y de descifrar, sobre todo a nivel artístico. No obstante, debemos recordar que todas las herramientas y plataformas que brinda el Internet no son más que utensilios útiles para el artista. Lo más lindo del mundo, aunque suene trillado, es lo más sencillo. Con el artista pasa lo mismo: A él solo lo llenan las actividades más básicas, aquellas que están más apegadas a su naturaleza.

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