El domingo 10 de enero del 2016, uno de los más importantes músicos y artistas contemporáneos del mundo, el Delgado Duque Blanco, David Bowie, cerró los ojos, se hizo espíritu y fuerza del pueblo que lo amó, lo ama, y que al conocer la trágica noticia, lloró y dijo: “There’s a starman waiting in the sky!”.

Un año ha pasado desde aquel trágico día en que se anunció el fallecimiento de David Bowie, también conocido como “El camaleón del rock”, por su incomparable habilidad de transformarse y reinventarse para cada nuevo lanzamiento, cosa que no es nada despreciable, tomando en cuenta que a lo largo de su carrera publicó más de 20 discos.

Si bien el David Bowie que nos dejó a sus 69 años -cumplidos apenas un par de días antes- fue un tipo bastante sobrio, serio, que buscaba pasar desapercibido y mantenerse alejado de los reflectores, el resto de su vida dio muchísimo de qué hablar, por ser un personaje sumamente vanguardista, por su capacidad para romper paradigmas casi sin esfuerzo, por su versatilidad y por su innovación al momento de componer y tocar música.

Con su álbum ‘David Bowie’, publicado cuando tenía apenas 20 años (nunca está de más saber qué estaba haciendo David Bowie cuando tenía tu edad), el músico dio inicio a su prolífica y trascendental carrera. Con sus ganas de refutar los estándares impuestos por la sociedad a través de su excentricidad, nos permitió conocer a personajes como Ziggy Stardust, The Thin White Duke, Major Tom, y tantos otros que habitaban en su mente.

El trabajo artístico de Bowie dejó un legado no sólo cultural, sino social, por la necesidad que sintió de expresar posturas de inconformidad a través de su performance. Hago uso del término queriendo resaltar la importancia del aspecto conceptual para él en cada una de sus producciones, yendo así más allá de la música. Fueron estas inquietudes las que lo convirtieron en un ícono y un héroe, que en cada momento fue elevando la barra de calidad e innovación más y más.

Mientras que se dio a conocer ante el público como el músico David Bowie, era muy reservado en cuanto a su persona como David Jones. Lo que sí sabemos es que, con o sin maquillaje, mallas o escarcha, David irradiaba una energía peculiar, bastante única y mística. Al músico le rodeaba siempre un halo de misterio, como si supiese algo que nosotros no.

Esa percepción se hizo más evidente en su lanzamiento final, ‘Blackstar’, publicado dos días antes de morir, el día de su cumpleaños Nº 69. Tratándose de Bowie, era evidente que el álbum sería un hit. Lo que nadie vio venir fue el triste anuncio que le siguió, pero fue el que le terminó dando sentido al álbum en su totalidad, catalogándose como la despedida del hombre que parecía más estrella que humano.

Pero para este momento, es noticia que el icónico vídeo de “Lazarus”, que otrora representó para nosotros la advertencia de Bowie de que se estaba muriendo, no nació con ese aviso en mente. El cantante no supo la noticia de su cáncer terminal sino hasta que la filmación del vídeo había concluído. Estos datos fueron revelados a través del documental ‘David Bowie: The last five years’, dirigido por Francis Whately.

Mientras que para muchos esa información pudo haber sido completamente matapasión, si se ve desde otra perspectiva, ¿no es esta una prueba del misticismo que rodeaba a Bowie? Aquella sensación de que él sabía algo que nosotros no, no parece tan descabellada. Decir esto no es con ánimos de generar a su alrededor una teoría conspirativa, sino resaltar ese halo de magia que le rodeaba, un sentido premonitorio que quizá ni él mismo conocía, pero que no nos sorprende.

Con su cáncer de hígado diagnosticado, Bowie terminó de grabar ‘Blackstar’, su último regalo para la humanidad, y hay voces en esas grabaciones que se escuchan como un enorme esfuerzo físico de su parte. La temática es sin duda bastante existencialista, tocando la vida, la fama y la muerte, pero quizá por meros cuestionamientos que cualquier hombre de la tercera edad podría tener.

Dentro de todo, la sincronización de los últimos días de Bowie fue perfecta. Si fue algo consciente, o mera casualidad, es algo que no llegaremos a saber, pero siempre recordaremos al “hombre que cayó en la Tierra”.

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