Rawayana y su ‘Trippy Caribbean’ en Caracas: una tarde memorable

La convocatoria de Rawayana a las 2 de la tarde me hizo agradecer trabajar en prensa. Soportar el sol que había, siendo aplastada por cientos de personas, dejó de estar en mis planes hace mucho tiempo. Pero aún así sentí algo de celos y se me erizó la piel al ver cómo los impacientes asistentes quebraron el cordón de seguridad para correr con euforia hacia la tarima, para poder estar tan cerca de sus ídolos como les fuera posible.

Poco a poco, la Avenida Francisco de Miranda fue llenándose. Asomarse era ver un montón de cabezas, peligrosamente cerca las unas de las otras. Los desmayos no tardaron en llegar. Y ni siquiera se había montado el primer DJ. Cuando Anibal Hamilton por fin llegó a musicalizar el evento con los hits de electrónica de hoy y de siempre, los ánimos fueron acelerándose poco a poco. Lo más divertido fue ver a todo tipo de gente conviviendo, desde las que pensaban que estaban en Coachella hasta los que, pase lo que pase, se vestirán siempre de negro. A todo el mundo le gusta la pachanga.

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Por más que se estuvieran divirtiendo, en realidad todo lo que esperaban era que llegara Akapellah. Mientras Hamilton cedía el poder de las pistas a Q-fx, Akapellah fue acercándose por detrás a la tarima, y con él una innumerable cantidad de amigos/familiares, que parecían ser ese apoyo incondicional del cual el rapero no piensa desprenderse jamás, pues es un tipo demasiado real como para olvidarse de los suyos. Q-fx empezó a hacer de las suyas con los platos, pero cuando Akapellah se montó en la tarima, el público perdió el control.

“El que no salte, tiene violín”, bromeó el rapero. Su setlist incluyó éxitos como “So Fine, So Fresh”, para el cual invitó al mismo Baby Zoom, miembro de Los Waraos. Animando al público, entre rimas y bromas les exigió a todos que alzaran sus manos al aire, incluso a uno de los policías que resguardaba el evento. “Creo que el paco se molestó”, dijo más tarde, tras bambalinas. Gona también se montó a interpretar uno de los temas que comparte con Akapellah, pero lo que realmente sacudió la calle entera fue la interpretación de “Milki”, la canción más esperada de su setlist. Montó en la tarima a todos sus acompañantes, y empezó el anticipado tema. Pienso que no había una sola persona en toda la avenida que no coreara las letras de “la canción más triste” que ha escrito Akapellah.

Tras bajarse de la tarima, no duró mucho el intermedio para que el segundo rapero de la tarde empezara su show. “¿Están cansados?”, preguntó Apache. El grito que recibió de respuesta despejó cualquier duda. Interpretó temas nuevos, viejos, clásicos como “Pónmela en el aire”, “Como venga”, para la cual Gona se subió una vez más en la tarima, e incluso un pequeño homenaje a Canserbero a través de “Stop”. En ese momento el rapero saltó del escenario y corrió hacia el público, llevando la energía del espectáculo a otro nivel.

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Para cerrar su show, convocó un reencuentro de todos los miembros originales de 4to Poder, dando paso a una memorable interpretación de “Aquí todo es un beta”, uno de los clásicos del hip hop venezolano. Apenas se bajaron de la tarima, el ambiente se puso modo reggae, en la espera de los grandes protagonistas de la noche.

En el momento en que las luces se ambientaron y empezaron a subir poco a poco los músicos de la banda, la multitud verdaderamente enloqueció. Las cuatro cuadras de la avenida, repletas de gente, recibieron con saltos, gritos y aplausos a la banda que con su buena vibra ha logrado la unión de tanta diversidad de personas. “Aquí no hay este ni oeste, hoy todos somos Caracas”, sentenció Beto, para dar inicio a un espectacular concierto.

Abrieron con el tema “No significa”, seguido de “Funky fiesta”. Para este momento la energía del público era tal que ni siquiera pegada al sistema de sonido lograba diferenciar las voces de los músicos y las del público que coreaba palabra por palabra. Se pasearon entre temas nuevos y viejos, como “Hoy”, para el cual invitaron a Psycho a la tarima, o “Gatos oliva”, con una increíble sección de vientos, parte del ensamble de Desorden Público.

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Con “La pistola” dieron paso a un popurrí de sus más emblemáticos temas, y lo finalizaron pidiendo al público que cada uno encendiera una luz, un elemento simbólico de que todos los que estábamos ahí representábamos luz para un país que está rodeado de una perenne oscuridad y neblina. Aquí el papel de Rawayana y de este concierto cobró una real importancia como agente cultural en un país que, cuando parece haber tocado fondo, de alguna manera se las ingenia para seguir descendiendo. Aquí fue cuando quedó expuesto todo lo que realmente tenemos que agradecer a estos artistas por seguir apostando por este tipo de espacios y presentaciones, que nos brindan a todos un momento de desconexión de la cruda realidad que nos abruma.

Temas como “Ay ay ay”, “Bahía” y “Algo distinto” calmaron un poco los ánimos, pero fueron el preámbulo para uno de los temas más esperados del show entero. Empezó a sonar el bajo de “High” y la gente reaccionó de manera alocada. Obviamente, Apache se montó en la tarima a interpretar su parte, que apenas se escuchaba por todos los coros del público, que incluso se animó a hacer la coreografía de la canción.

Para bautizar ‘Trippy Caribbean’, razón central del evento, Rawayana invitó a todo 4to Poder a la tarima, para agradecer su apoyo desde el día 1. Luego de bañar el disco en champaña, los músicos retomaron sus posiciones y empezó a sonar un mashup de “Arenita playita” con las características instrumentales de Rawayana, un momento verdaderamente memorable. Incluso algunos de los policías no se pudieron resistir y empezaron a grabar el espectáculo con sus teléfonos, pero con sus caras de poker inmutables. Tocaron “Véngase” y dieron así fin al concierto.

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La parada en Caracas del Trippy Caribbean Tour dejó expuestas varias cosas. Una de ellas es que el público caraqueño está sediento de eventos culturales de esta naturaleza. Otra es que Rawayana es -duélale a quien le duela- una de las bandas más importantes del país. No sólo por su masivo poder de convocatoria, sino por todo lo que representa para una generación que ha visto cómo se le va su juventud por una situación social que nunca fue de su elección. Rawayana significa diversión, liberación y escape (la creación de Rawayanaland no es casualidad). Ese concierto fue llevar todos esos elementos a su máximo exponente. No sólo son unos profesionales a nivel artístico, sino que la pasión que demuestran por lo que hacen es realmente admirable. Recuperar los espacios culturales cuando el contexto te complica todo es algo que hay que agradecer, y a lo que hay que aspirar lograr con más frecuencia.

Rawayana no paró de agradecer al público por su asistencia, pero somos nosotros quienes realmente tenemos que agradecer a ellos y a todos esos artistas que siguen moviéndose y haciendo cosas para intentar elevar este país a través de la cultura. Mil y un veces: gracias.

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