Ya son 40 años del primer sencillo de los Sex Pistols, “Anarchy in the UK”, que son fáciles de pronunciar en lo dicho pero mucho ha pasado desde aquel tiempo cuando un trío de jóvenes que vivían en la constante frustración social y económica se unió a otro paria llamado Johnny Rotten, un muchacho desprolijo y lleno de ira, formándose así la banda. El cantante se convirtió en el principal ícono (él escupiría sobre mi por usar esta palabra para describirlo) de un movimiento de contracultura que nació en una convulsionada Inglaterra de los años 70’s, cuyos jóvenes compartían el mismo descontento que Rotten y compañía.

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Debido a las limitaciones económicas la juventud inglesa con menos oportunidades, debían remendar sus franelas y jeans con alfileres o parches de cualquier retazo de tela que encontraban. Estos jóvenes sellaron su look parodiando a las figuras que mejor representaban lo que más odiaban de su gris y monótona sociedad: los militares, usando viejas botas de combate y mohawks o crestas pintadas de diferentes colores.

Al contrario de lo que alegaba el manager, Malcolm Mclaren, quien dice que esta vestimenta fue inspirada en el movimiento del punk que surgió en la segunda mitad de los 60’s en Nueva York, específicamente en el reconocido CBGB’s, donde el contexto era parecido, una ciudad en la que la mayoría de jóvenes empobrecidos buscaban un escape en la música accesible y las drogas.

Lo cierto es que como un movimiento de contracultura en Inglaterra ya se habían establecido las bases para el punk: ideología, actitud, vestimenta, pero estos jóvenes aún estaban rodeados por el tedioso hard rock clásico de bandas como Led Zeppelin, Uriah Heep, Deep Purple y Black Sabbath e incluso yendo más lejos, de las de progresivo al estilo de King Crimson, Yes y Pink Floyd, con extendidos juegos de sonidos experimentales y solos que aún seguían los ahora no tan come flores, fascinados por el lsd, que en los años 60’s se unieron a esa movida, y que ahora eran los padres y madres.

Aquí entra a valer la presencia de los Pistols quienes tomaron ese rock and roll simplificado en acordes de quinta del punk neoyorquino, no para hablar de si Judy era una punk rocker, sino más al estilo, quizás, de una Patti Smith menos estilizada, expresar todo lo que estaba mal en aquella sociedad tan despreciada, donde los jóvenes no eran tomados en cuenta en la vida política, las oportunidades de trabajo escaseaban, todos vestían igual. En una sociedad que aparentaba ser perfecta al mejor estilo de las clásicas distopías literarias.

“Anarchy in the UK”  marca el inicio del rol de John Lydon, nombre de pila de Rotten como compositor. “Soy un anticristo, soy un anarquista,” rezaba el principio de la letra que estos tiempos era un sacrilegio y por el amor de Cristo (sarcasmo), las piernas de la reina y sus seguidores temblaban al oír este primer verso. El llamado a la anarquía violenta y descarnada.

¿Cúal es el real enemigo? es la pregunta principal del cantante, cuando ante la aparente normalidad encontramos el conflicto irlandés, además de todo el contexto socio-histórico ya mencionado, era la noticia de primera plana en los periódicos. Por ello menciona IRA (siglas en inglés para Ejercito Republicano Irlandés), UDA (siglas de Asociación en Defensa del Ulster), cuerpos enfrentados en el conflicto, las representaciones del Sur contra norte, católicos contra protestantes, solo enfrentados por ideales que provenían de una misma raíz.

¿Algo que les recuerde a nuestros tiempos?

 

Estos salvajes y descarados Sex Pistols, que no les importaba, como decimos coloquialmente, mandar a lavarse ese culo a la reina estando frente a las cámaras de televisión, pueden ser un ejemplo para aquellos que buscan alzar su voz frente a lo apacible, aceptado, lo tolerable y lo que realmente se debe tolerar. Lo que para la sociedad establecida era inaceptable, crestas, ropas rasgadas y sucias, malas palabras, para alguien que luchaba todos los días por poner la comida sobre la mesa era lo de menos. Así los Sex Pistols establecieron una nueva prioridad: alzar su voz para que los reclamos de sus contemporáneo e iguales fueran escuchados. Tanto tenemos que aprender de una canción.

Debemos recordar que el blues no era bonito cuando era tocado por personas de color que hablaban de los sufrimientos del trabajo forzado, que el rock no era agradable cuando Dylan interpretaba su “Subterranean Homesick Blues”, ni en los tiempos en los que el alocado Ozzy cantaba “War Pigs” o “Lord of This World”, pero llegó a cumplir y tener una misión más grande en nuestra sociedad que solo vender y aparentar. Aunque este, en muchos casos, al final fue el objetivo del punk también, como sucede con todos los movimientos de contracultura, se volvieron lo que más odiaban, algo que vender, quizás por ello el final. Pero hay que recordar siempre que la música puede llevar un mensaje y expresar aquello que nos parece que no está bien y debe ser solucionado.

 

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